El Gea

Política: ¿ideas o intereses? (VI).



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Habiendo nacido así, la izquierda nace y se define (primero por necesidad, luego por vocación, expresada como "principios") en un horror a asumir contacto con el poder real de una sociedad (es decir, el poder económico, militar, e institucional). El precio que se paga con esto es un desconocimiento activo de cuáles son los factores que realmente inciden en la real-polítik de una sociedad.

Ahora bien, ¿es inteligente, filosóficamente hablando, creer que esa raíz sea superada alguna vez, o debemos entender que la izquierda es un proyecto eterno, esto es, una enfermedad basada en una carencia (la carencia de poder, por supuesto), y que se cura automáticamente apenas sus portadores obtienen poder (volviéndose inmediata y muy dialécticamente "de derechas")?

Recuerdo ahora una frase de Stefan Zweig que es muy ilustrativa, referida al Brasil: "El Brasil es el país del futuro. Y siempre lo será." Me parece genial como descripción, no del Brasil, que es hoy un país con un presente en cierto modo ya grandioso, aunque como todo, contradictorio, sino de la izquierda. En efecto, la izquierda es el gobierno del futuro. Y siempre lo será.

Ojo, eso no le quita interés ni grandeza a la izquierda, que bien entendida y bien practicada (como la entiende, por ejemplo, Richard Rorty en su libro Achieving our Country, una joya del pensamiento de izquierda no ortodoxo que recomiendo a todos quienes puedan conseguirlo y aún se consideren "de izquierda") es la reserva moral ideal de toda sociedad. Como tal, tiene sus héroes, sus íconos y sus modelos, que no son menos dignos ni admirables que los de la derecha, también esta bien entendida, cosa que en el mundo actual es lo más difícil de hacer.

Y todo esto que digo sobre que la izquierda es una pretensión eterna de poder, no lo digo porque las izquierdas que hoy se perfilan en muchos países latinoamericanos no puedan ganar el poder. Por cierto que pueden, y en Uruguay al menos casi con seguridad lo ganarán en tres años. Sino porque cuando lo ganen, iniciarán rápidamente la derechización, y en pocos meses, por no decir días, habrán dejado por el camino, tanto a los principios e ideales coloridos y demagógicos que los llevaron al poder, como también a todos y cada uno de sus miembros que se nieguen a ese abandono. Por supuesto, lo harén en nombre de "una aplicación realista de los principios".





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