El Argumento Teológico (I).

METAFISICA - Trabajo Final.


Prof. Tit.: E. Rabossi.
1997 - Carrera de Filosofía - UBA



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INTRODUCCION

El objetivo de este trabajo intentará ser plantear, primero, el argumento teleológico en general y en una de sus específicas variantes; luego, la visión de la intencionalidad original en relación con el proceso de evolución por selección natural y sus implicancias, según Dennett, para, por último, profundizar y/o explicitar la relación existente entre ambas posturas, tratando de mostrar en que medida una es superior a la otra en relación a la explicación de nuestros orígenes.

EL ARGUMENTO TELEOLóGICO.

El argumento teleológico parte de la afirmación de que el mundo se nos presenta ordenado, armonioso, como una máquina que tiene cada engranaje en el lugar correcto, para luego afirmar que posee un parecido con las máquinas producidas por los seres humanos que resulta tan evidente que, por analogía, por igualdad de efectos, se desprende que las causas deben ser similares; de esto se sigue que a esta gran maquinaria natural se le impone un arquitecto, un constructor, al igual que sucede cuando observamos cualquier construcción humana: nos parece evidente que ha sido moldeada, que ha sido inteligentemente ordenada y dispuesta para cumplir la función que cumple.

Objeciones

Se ve claramente que este argumento intenta probar, partiendo de lo empírico, que Dios existe, pero este argumento, si prueba algo, probaría la existencia de un demiurgo, de un diseñador, no de un creador, es decir, probaría la existencia de un ser que moldea una materia preexistente, un ser presumiblemente inteligente o, en todo caso, con el poder de diseñar.
Este argumento tampoco no nos dirá nada sobre si el diseñador ha sido uno o muchos, si es bueno(s) o malo(s), o si sólo se divertía(n) creando sin ser consciente(s) de lo que hacia(n).
Tampoco nos dirá si este diseñador existió en el momento en que dio forma al mundo y luego dejó de existir, o en el caso de que siguiera existiendo, si observa a su creaciones sin intervenir en sus “problemas” o si, por el contrario, interviene constantemente (ya sea en forma benévola, malévola, o indiferente).

Si creemos, como creía Hume, que la confirmación o verificación de nuestras ideas se da en la experiencia, el argumento del designio seguramente no nos convencerá demasiado pues, obviamente, no tenemos experiencia sobre la creación del mundo. Kant decía más tarde algo parecido: lo característico de la idea es su incapacidad de adecuarse a la experiencia. Desde nuestro mundo empírico no podríamos acceder a su supuesto mundo trascendente.
También podemos agregar que la argumentación basada en las reglas de la analogía no valen en este caso por ser tan desigual la comparación entre los productos humanos con el universo, o las partes con el todo, es decir, la parte pasa a ser la regla del todo.

Un organismo cósmico, una variante.

Entre todo los tipos de Dioses para los que deja espacio el argumento teleológico me gustaría centrarme, con el fin de utilizarlo en la etapa de relación que efectuaré más adelante, me gustaría centrarme, decía, en el Dios diseñador concebido en una de sus formas quizás menos tradicionales para occidente, que es la de un Dios pensado ya no como un ser con un plan en su mente, sino como un organismo viviente que abarca la totalidad, como el universo mismo pensado como Dios, y sus componentes (tanto orgánicos como inorgánicos, tanto racionales como carentes de razón) como cada una de sus partes. Un Dios así concebido seguiría teniendo, como todo organismo, un comportamiento teleológico. Este argumento se basa en la analogía de los organismo con el universo, tomado como tal (como organismo) en virtud de la misma.

La Patagonia.




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