Miedo a lo fantástico (II).



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Escribir ficción, es decir, escribir a secas, no es algo que se haga para pasar el rato, !oh no¡, por lo menos no lo es para mi. Es una aventura fantástica, y por cierto bastante peligrosa. Es tirar una piedra en un estanque donde las aguas están muy tranquilas y esperar que eso moleste a quienes están muy acostumbrado a la pasividad de lo explicado, cotidiano o certero, a sus seguridad no discutida. Mostrar un poco el caos de un mundo que se pretende ordenado, revolver la basura del fondo, drenarla hacia la superficie y tomarse el desagradable trabajo de examinar lo que contiene, o cuando es demasiado para ser tolerado apartarse con una mueca que lo dice todo, que revela lo que ocuparía infinitas páginas de descripciones macabras y que igualmente no lograría transmitir, ese efecto tan claro que infunde la percepción de un solo y único vistazo de las indescriptibles máscaras ante lo desconocido.

Intentar hacer temblar a otro para temblar con él, o para olvidar mis temblores, ¿no es ya de por si un acto terrorífico?, intentar hacer sufrir a otro, cualidad tan observada en cualquier ser humano de fin de siglo que se precie de no ser un zombi, ¿no es ya darse la mano con lo desconocido sin ni siquiera saber su nombre?
Buscar inventar el terror que no se conoce es estar atraído por lo desconocido. Los infinitos universos de la fantasía reclaman sus para siempre y desde siempre adeptos a sus interminables juegos. ¿Y cuales de esos mundos son los mirados con más recelo, hasta por los habitantes de los demás mundos?, los mundos que más miedo imponen sobre todo. El terror es uno de los reyes en los universos de la fantasía y va a seguir siéndolo, es parte de su naturaleza, lo desconocido es el reino de la fantasía, y lo desconocido siempre ejerce miedo, quiérase o no.

Volví tambaleándome a la cama para sumergirme de nuevo en mis interminables pesadillas sin tener la menor idea de lo que había escrito en mi computadora, sin saber si quiera si verdaderamente había escrito algo. Suelen agarrarme esos ataques de no se que y en no se donde, en los que camino por el borde entre lo conocido y lo desconocido, entre la nada oficial y la extraoficial, entre lo ya fijado por la costumbre y lo proyectado por lo que no se deja atrapar por las fuerzas de la fijación irradiada por todas partes. Sin saber, en ese deambular bamboleaste, de que lado apoyo mis pies a cada paso.
La originalidad llega sola, no hace falta buscarla, en mi caso, sin tampoco demasiado esfuerzo, el terror la acompaña.

La Patagonia.

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