La Unica Verdad es la Realidad (III).



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Desperté ¿Desperté? No podía entender que pasaba. Si seguía soñando seguramente estaba experimentando uno de los sueños llamados pesadillas, una clase de sueños que, según tengo entendido, por alguna razón, ningún humano tenía desde hacía 20 años cuanto menos, pero sabía perfectamente que eran algo muy desagradable.

No podía moverme. Me encontraba atado de pies y manos por una especie de esposas que no me permitían ningún movimiento sobre el duro tablón sobre el que me encontraba. Un visor que estaba en corto y chispeaba, colgaba a un lado de mi cabeza, agarrado a una de mis orejas.

A mi alrededor, a pesar de la tenue luz, podía distinguir innumerable cuerpos humanos en la misma posición en que yo me encontraba que se perdían lejanos en la oscuridad cualquiera fuera la dirección hacia la que dirigiese mi mirada. Se encontraban, al igual que yo, sobre tablas de metal distanciadas una de otra por un metro aproximadamente, pero con el visor puesto sobre sus ojos, cubriéndoles gran parte de la cara. Ellos no efectuaban el más mínimo movimiento. El único movimiento que se podía observar era el de un líquido que pasaba velozmente por unos tubitos que empezaban en sus brazos y terminaban, todos, en una especie de tanque que ocupaba lo que yo creía el centro de la estancia.

Yo también estaba conectado a ese maldito tubo y sentía como me succionaba, era una sensación horrible, como si ese líquido se llevara mis ganas de vivir. No podía comprender que pasaba, era tan real que mis esperanzas de que fuera una pesadilla habían desaparecido.

La Patagonia.




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