Vida Cotidiana (III).



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De entre la oscuridad surgió una figura femenina que yo no conocía, seguramente era nueva en el edificio, o quizás de otro planeta, pues preguntó:
- Disculpen, ¿bajan?

Los muchachos, que en un principio habían dejado translucir cierto nerviosismo, mudaron sus expresiones pasando a un estado de relajamiento, mezclado con un poco de gracia divertida y sentimiento de superioridad. Estallaron en carcajadas frente a la estúpida y anacrónica pregunta de la chica; la cual eligió un mal momento para decir enojada:

- ¡Si no bajan no es obligatorio que me lo digan, pero por lo menos no me falten el respeto!
Esto produjo un considerable incremento en las carcajadas de mis acompañantes, a lo que la chica, lamentablemente respondió:
- No me importa, prefiero subir con ustedes que esperar en este oscuro y frío pasillo que venga de nuevo el ascensor - al tiempo que entraba, atropellando deliberadamente a uno de ellos, él que se hallaba más próximo a la puerta.

Los tres tipos, casi como una sola persona, volvieron a mudar de expresión pasando a reflejar violencia con deseos de manifestarse en todo su esplendor, producto, al parecer, de un sentimiento de orgullo herido, de un "¡Esto no va a quedar así, por supuesto!". El resultado de ese cambio de expresiones, es decir, de ese alteración de las emociones fue plenamente evidente. Sin habérseles extinguido del todo sus ansias de diversión que ahora, en cambio, se teñía con una inquietante y peligrosa morbosidad a flor de piel, actuaron en consecuencia.

Al haber atropellado, o mejor dicho, al haber intentado desequilibrar con un empujón a uno de los hombres, pero sin éxito, la chica fue expulsada de un solo golpe de puño en el estómago fuera del ascensor, con tanta fuerza, que aterrizó de espaldas con todo su peso sobre el piso a un metro de donde estaba parada. Aunque muy despacio, increíblemente logró incorporarse. Al ver esto, dos de los tipos, avanzando, la tomaron, de los brazos, y la sacudieron, asiéndole golpear finalmente la cabeza contra el marco de la puerta del ascensor, que estaba entreabierta.

La Patagonia.




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