Alimentando el fuego de la indiferencia (III).



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Cautelosamente me acerqué lo más que pude, no era un valiente, el viento me obligaba pues había cambiado y el cerco que el incendio formaba detrás mío se estaba acercando cada vez más, y casi sentía mi espalda tostarse. Me situé a cinco metros de ellos y a esa distancia percibí cierto detalle del que no me había persuadido. A poca distancia de los Infernos, en el suelo, se abría una ancha y oscura brecha. En ese momento una espesa y negruzca niebla, casi un humo, aunque más espeso de lo normal ,podría decirse, surgió de la brecha envolviendo y llevándose flotando a las resplandecientes criaturas. El espíritu aventurero por primera vez se desató en mi y las seguí por el agujero sin siquiera pensarlo. Pues si lo hubiera pensado de seguro no lo habría hecho.

Delante mío se extendía un sendero de un largo que no conocía y de un ancho que no alcanzaba a ver por la oscuridad que reinaba, sólo tajeada por los tenues rayos de luz que desprendían las figuras que se alejaban flotando sin mirar atrás, sin haberse percatado de mi presencia en el que, seguramente, era el camino hacia su guarida.
El techo, el piso, todas las cóncavas paredes que me rodeaban estaban tapizadas de figuras extrañas sin rostro ni vientres, talladas o fosilizadas en las roca. Sin detenerme a observar más, me apresuré a seguir a los Infernos que desaparecían en el primer recoveco del túnel.

Los seguí por un tiempo considerable, a una distancia prudente, por los pasadizos siempre descendentes, me sentía el profesor Linderbrock bajando hacia el centro de la Tierra, lástima que en estos pasadizos el calor era casi insoportable y no se mantenía, iba en ascenso; hasta que por fin se detuvieron, dejaron de levitar entre la supuesta niebla y se posaron en medio de una gran caverna de, más o menos, 15 metros de circunferencia y que poseía un techo mucho más alto que el resto del túnel. Se sentaron en el suelo de granito y mármol erosionado, muy probablemente, por la acción de lava o magma. Y comenzaron, como si fuera los más normal de mundo para bestias como ellas, a hablar y encima ¡en castellano!, es más ¡en argentino! Me sobrepuse a la sorpresa y presté atención.

- Esta zona no es muy complicada que digamos -dijo uno de ellos
- No, y nos lo merecemos por haber descendido a la posición de capataces en llamas, no muchos lo logran. -dijo con tono triunfante
- La verdad que no, los tiempos son duro y fríos, ¡odio el frío! -respondió a la vez que realizaba un estremecimiento de su aura de fuego
- ¿Y quién no?, es contra lo que todos luchamos, nuestro odio y nuestro miedo es el motor que nos mueve a carbonizar su maldito mundo a cambiar su maldito clima a...No somos intelectuales, pero deberías saber eso. -le reprocho tajante al tiempo que se trenzaban en una chispeante discusión en la que echaban fuego por los ojos (todo esto dicho literalmente, ¿que creían?).

La Patagonia.




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