P. Edronkin

No voy a invertir en Maleducadolandia




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En varios artículos ya he tratado lo que a mi juicio es una relación clara entre nuestro medio ambiente humano y los buenos modales. No se trata de estar proponiendo una vida acartonada y basada en la etiqueta de una corte imperial, pero sí de tratar de mejorar algunos aspectos de nuestra conducta a los que pretendemos encontrar justificación en las supuetas características de la vida moderna.

Desde mi punto de vista, se trata nada más que de excusas para justificar espacios en blanco en las páginas de la simple y sencilla buena educación, y el mejorar nuestra calidad de vida no pasa solamente por reducir las emisiones de monóxido de carbono, evitar la proliferación de la violencia y respetar los derechos humanos.

Todo eso está muy bien, pero si no somos capaces de respetarnos a nivel individual, y como la sociedad es el reflejo de nuestras propias aspiraciones colectivas, nunca vamos a vivir bien si no sabemos convivir entre nosotros.

De nada sirve preocuparse por la ecología y la paz en el mundo si nuestros modales siguen siendo los del 'Australophitecus afarensis'; y creo que no estoy solo en materia de estos pensamientos.

Muchos hechos de la vida diaria que pueden parecer menores en definitiva tienen un gran costo para la sociedad: un piquete que corta una avenida bajo el pretexto de estar luchando por tal o cual derecho es un perfecto ejemplo de malos modales, porque los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás, y la protesta - justa o injusta - es una cuestión que atañe al que protesta y el que debe recibir la protesta.

El transeúnte, la persona que va a trabajar, el turista que está en la calle en ese momento, etc. no tienen por qué sufrir las consecuencias de tales hechos y protestas en los que nada tienen que ver.

El piquete no es nada más que una demostración de malos modales y un intento de extorsión ciudadana, una muestra del resentimiento del piquetero hacia sus semejantes, y también una prueba de su ignorancia, pues no es capaz de crear una forma de protesta menos perjudicial para el inocente.

Lo realmente feo de todo esto, es que estas costumbres las imitan después hasta los niños: ya hemos visto varios casos de piquetes estudiantiles ¿Estos imberbes van a ser los líderes del mañana? ¿Qué derecho tiene un adolescente con acné a impedirle ir a trabajar a un padre o madre de familia que tienen que mantener a hijos que probablement tengan esa edad?

No es que no se deba protestar, pero precisamente porque estamos viviendo en un mundo que aspira a la democracia, las protestas se deben hacer respetando al prójimo, y los padres, políticos y maestros tienen la obligación de darle un buen ejemplo a quienes se están educando.

Esto también nos revela qué clase de políticos son los que vota la sociedad: si a un político que se convierte en autoridad pública le parece bien una protesta - y la autoriza en tanto sea funcionario - que perjudica injustamente a miembros inocentes de la sociedad, entonces aquel político - sencillamente - es un enemigo de esa sociedad porque le busca causar daño, o es un ignorante que no debería tener semejante puesto de responsabilidad.

Por supuesto, ni siquiera tienen idea del impacto económico que cortar el tránsito en una ciudad de millones de habitantes puede tener; a estos individuos la sociedad les paga sus saliarios con impuestos, para que todos vivamos mejor, y no para empeorar las cosas.

También vemos inconductas similares en las empresas y compañías comerciales, donde los empleados entre sí y entre líderes y suboridnados, predomina un trato superficialmente etiquetado con trajes y corbatas, pero que por debajo es prácticamente tribal. Malos modales, nada más; no hay ninguna justificación para la descortesía con empleados, colegas, proveedores o clientes.

Esta manía - estereotipada en el 'reality show' llamado 'El aprendiz' de deicr cosas como 'estás despedido' sin más, es solamente la demostración de que mona vestida de seda, mona queda.

Es más: yo diría que es bastante tonto - comercialmente hablando - demostrar falta de modales.

Hace un tiempo, mi empresa tuvo un problema con una compañía australiana denominada Dark Blue Sea Ltd., a la que no llevamos a un tribunal simplemente porque sería excesivamente complicado.

Pero sucede que por estas épocas yo tomé la decisión de comprar un avión, y por supuesto, no hay avión (excepto los planeadores) que vuele sin motor. Prácticamente había optado por adquirir motores australianos de marca Jabiru, pero los malos modales de la gente de aquella compañía que mencioné un párrafo atrás - que no es la misma que la que produce los motores en cuestión -, me hicieron pensar.

Y entonces recordé la historia en torno al arquitecto danés que construyó la ópera de Sidney, y el trato que los australianos le propinaron a unos refugiados afganos hace un par de años - para no entrar en la definición legal (como animales domésticos, literalmente) que tenían acerca de los aborígenes hasta tan solamente unas décadas atrás -, me hicieron pensar ¿no será que la gente en Australia tiene un problema con sus modales?

El resultado es simple: no voy a comprar un motor australiano sino uno de fabricación europea, de marca Rotax, porque si bien no hay que guiarse por los prejuicios, no encuentro razón alguna para arriesgar mi inversión, y para que el día de mañana, un taxista, una recepcionista o quien sea en Australia, si tengo que viajar allí por alguna cuestión relacionada con estos motores, me trate mal. No voy a invertir dinero en ninguna Maleducadolandia.

La cortesía no cuesta nada, pero puede darlo todo.




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