P. Edronkin

El Plan Andinia como un intento de desviar la atención



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Mucho se ha hablado acerca del supuesto Plan Andinia, que sería una conspiración sionista para apoderarse de la Patagonia, hasta tal punto que en 1999 organicé por primera vez una discusión que actualmente se ha convertido en el 'Debate sobre la (in)existencia del Plan Andinia' en el cual el objeto es que quienes creen en la veracidad de tal conspiración presenten pruebas fehacientes sobre tales hechos.

Pero desde luego, no es el único ámbito en que este asunto se discute: una buena parte de los sitios web dedicados a esto son de tinte ideológico, principalmente de extrema derecha.

Y esto me hace pensar en tres cosas: primero, que como sucedió originalmente con el surgimiento del nacional socialismo en Alemania, la mayor parte de la poblacion prefiere ignorar estas cosas porque son como un tabú.

En segundo lugar, que el hecho de que pese a los hechos históricos tan patéticamente claros, como la segunda guerra mundial, todavía exista gente que se las trae contra el pueblo judío.

No pretendo afirmar que las personas de origen hebreo sean colectivamente ni santos ni demonios; son simplemente gente como usted o como yo, seres humanos, y toda esa cuestión del asesinato de Cristo (pretendida culpabilidad ya refutada incluso oficialmente por el Vaticano), el poder económico mundial concentrado (los jeques árabes, de los cuales hay muchos, no me parecen muy judíos que digamos), y otras manifestaciones no es más que una colección de rumores sin fundamento verificable.

Que hay personas de origen judío malas y buenas, rias y pobres, etc. es un hecho tan cierto como que las hay en el caso de los cristianos, budistas, musulmanes y otros grupos religiosos, culturales y étnicos.

La maldad, la bondad, y otros valores no son potestad de una nación o una religión, y este es un hecho que por lo visto todavía nuestros educadores no han sabido infundir en grado suficiente en los niños y en la juventud; esto es algo que hay que tener muy en cuenta.

Pero el tercer punto que quiero mencionar es que me parece que la creencia en la existencia del Plan Andinia puede ser para muchos una forma de escapismo de sus problemas personales y diarios; es decir, una manera de descargar la percepción de frustraciones propias a través de otros, y cuanto más anónimamente y generalizada sea esa descarga, tanto mejor para evitar problemas de conciencia.

Así es como se puede hablar de una confabulación oculta, del pueblo judío en general y de otros conceptos tan difusos, porque resulta más sencillo que verse a sí mismo.

Esas frustraciones personales a las que hago referencia pueden aparecer de muchas maneras y de diversas fuentes, pero basta ver que históricamente el nazismo y el fascismo han surgido entre grupos de personas frustradas (por la situación económica en la Alemania de psoguerra, entre los dos conflictos mundiales, por ejemplo), para entender que se trata de una creencia de sustrato marginal, pero que encuentra un atractivo en la clase media y la alta: puede ser que en general sea lo contrario, pero yo he conversado con numerosas personas pertenecientes al 'Opus Dei', en la Argentina, y en casi todos los casos he encontrado animadversión de su parte hacia los judíos. No pretendo juzgar a todo el grupo por estos casos, pero es algo llamativo.

También, en esos casos y en las familias de esas mismas personas, he constatado problemas serios: relaciones muy tensas entre hijos y padres, infidelidad entre los miembros de la pareja, personas con un estado de salud delicado y causante de preocupación, etc.

Es decir, una situación yo diría un tanto hipócrita que vuelvo a reiterar, no implica un juicio en general sobre el 'Opus Dei' sino - prefiero entenderlo así al menos por ahora - una notable coincidencia sobe la cual convendría mantener una cierta observancia.

Y si es por 'coincidencias', también debo hacer notar que me consta que desde que inicié estas denuncias ha habido intentos por interferir mi casilla de correo electrónico, que hay cartas de correo postal que 'casualmente' no me llegan cuando siempre lo hacían puntualmente, y que repentinamente ha surgido diversos problemitas cotidianos, pero que nunca había, como si alguien me quisiera sacar del medio o silenciarme.

No pretendo acusar a nadie ni plantear una teoría conspirativa, pero para hacer este tipo de cosas hace falta contar con medios como los que poseen los servicios de inteligencia, y en el pasado he tenido amenazas veladas de supuestos miembros de los servicios de inteligencia argentinos, así que debo advertirles a esos individuos o instituciones que estoy dejando constancia de estos hechos para que cualquier asociación de derechos humanos, partido político de la oposición, etc. tanto de la Argentina como del extranjero, les estén monitoreando. Que a mí 'no me pase nada' no significa solamente que se mantenga mi integridad física, sino también mi privacidad, mis bienes, etc.

Le recomiendo a cualquier interesado en la lucha por la libertad de expresión, la igualdad, la democracia y los derechos humanos que mantenga la vigilancia sobre este tipo de organizaciones como los servicios de seguridad e inteligencia, porque constituyen un caldo de cultivo para personas de ideología fascista. Son necesarios para proteger la integridad del estado, pero deben ser mantenidos bajo estrecha vigilancia.

Y esto me lleva a pensar acerca del valor escapista de la noción del Plan Andinia, lo cual implicaría que creer en esto y de esta forma significaría ser un poco cobardes frente a las cuestiones cotidianas. Quizás esto suene un poco fuerte, pero uno choca con las limitaciones del lenguaje para expresar las ideas, en algunos casos como éste.

Desde un punto de vista educativo, me parece que sería importante que se le preste más atención a esta cuestión del Plan Andinia tanto para evitar la difusión no fundamenteada de un mito urbano apelando a la inteligencia de los jóvenes; en las escuelas debería debatirse este asunto, solicitándole a los alumnos que investiguen sobre la cuestión, y si creen en ella pero no encuentran pruebas concretas de su existencia, que comprendan lo que es un mito y por qué siempre es conveniente usar la cabeza y una cierta metodología para analizar y estudiar las ideas que se nos presentan.

Creo que el mito del Plan Andinia debería convertirse en un objeto de debate en las escuelas, principalmente en la Argentina y Chile, que es donde más se ha difundido esta creencia.

Los educadores no deben tenerle miedo a un tema tabú, porque lo único que hace falta para que triunfe el mal es que la gente de bien no haga nada.




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