P. Edronkin

Los basureros de Ishii



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Hace un par de semanas que un par de empleados del sistema de recolección de residuos de la ciudad de José C. Paz pasaron por la casa de mi madre pidiendo propinas, como ya en otras ocasiones lo han hecho. Vale decir que esto sucede bajo al administración del Intendente Mario Alberto Ishii y lo menciono porque a través de la internet, al publicar este hecho, es posible que finalmente algo provechoso tenga lugar

Resulta hasta cómico mencionar el concepto de basureros corruptos, pero es real y son parte de la aristocracia travesti que es responsable de una buena cuota de los problemas del país; y dejémonos de estupideces: ser pobres e ignorantes no es ni ningún motivo de orgullo, ni ninguna excusa para ser malos ciudadanos.

Después de que en ese momento, al tocar a la puerta, les dijeran que no les darían propinas (hay que aclarar que los empleados del sistema de recolección cobran un salario como todos los demás), las bolsas de desperdicios colocadas prolijamente para que el camión se las llevar frecuentemente aparecen rotas, abiertas, o simplemente no se las llevan.

Este pequeño evento me ha hecho pensar en escribir acerca de este tipo de actitudes: se trata nada más que de un comportamiento mafioso barato por el cual se quiere hacer saber a la población que deben pagar un extra por los servicios que esta gente debe prestar porque es su obligación contractual ya establecida.

En suma, estos empleados del sistema de recolección están buscando cobrar más dinero por lo mismo, de forma ilegal y por supuesto, sin pagar impuestos.

Y esto que puede parecer un mínimo detalle, un módico problema de barrio, es en realidad la esencia de la cuestión de lo que sucede con el estado y la sociedad en cualquier país latinoamericano, y también en muchos otros.

Se trata del hecho que la gente que integra las filas del servicio público no está ni de lejos capacitada para hacer su trabajo, y que las estructuras destinadas a controlarles no funcionan. Si no pueden controlar lo que hacen unos semianalfabetos en un camión de basura, no debe extrañarnos que toda la administración pública sea a partir de allí un desastre.

Si queremos tener sociedades más justas en Latinoamérica, y si realmente nos preocupa el futuro, hay que dejarse de actuar como si estuviéramos socialmente conscientes de los marginales, como si nos importara y olvidando al ciudadano común que paga impuestos, porque la realidad es que a los gobiernos no les importan ni los unos ni los otros.

La marginalidad y el fracaso - porque lamentablemente, pero hay que decirlo de una vez - eso es lo que representa la pobreza, y no una especie de título nobiliario, y las sociedades tienen que aspirar a más y tener otros valores si es que quieren ser más.

De una vez por todas se debe priorizar al que realmente construye, como es el ciudadano de la clase media. El verdaderamente rico no necesita que se ocupen de él salvo para controlar que no utilice su riqueza de forma ilegal aunque por supuesto, hay que respetarle sus derechos.

Del pobre, de la única manera en que hay que ocuparse es dándole la mejor educación posible, pero no alimentándole o dándole limosnas, permitiéndole comportamientos al margen de la ley o que estimulen la vagancia. Si no ve que tiene alternativas, en vez de darle una patética caja de comida que trae tanta vergüenza y deshonor para el que la recibe como para el que la entrega, hay que mostrarle el camino que abre la educación.

Y si no entiende el valor de educarse y aprender, hay que tratarle como a un niño o un enfermo mental y sencillamente obligarlo a tomar el tratamiento para su enfermedad, porque la pobreza es precisamente eso: una enfermedad social y psicológica.

Los enfermos en un sentido físico muchas veces se pueden apercibir de su estado y buscar tratamiento por su cuenta; los enfermos mentales y los niños no se dan cuenta de ello y la sociedad tiene una obligación moral de hacerse cargo de ellos, pero de la mejor manera posible.

La mejor forma posible de hacerse cargo de un pobre es educarle para que deje de serlo, darle un oficio, una habilidad y el entusiasmo por aprender. El resto lo va a hacer cada uno por su cuenta.

Al señor intendente le pido que limpie realmente la basura; le reconozco haber construido un gran número de escuelas y hasta una universidad y ello es meritorio, pero no debe olvidarse de que ahora hay que llenarlas; y a mis amigos recolectores de residuos de la ciudad de José C. Paz les tengo que aclarar y recordar que están trabajando en eso y no cobran más sencillamente porque no saben hacer otra cosa.

No hay que lamentarse por ustedes porque son pobres, sino por aquellos que no tienen el trabajo del que están abusando. Han tenido la oportunidad que a un importante porcentaje de la población le falta en estos momentos y lo están utilizando mal; no me consta que sean inmigrantes extranjeros, bolivianos, peruanos, chilenos o paraguayos sin papeles, porque para tener un empleo público hay que tener esas cosas en regla.

Así que no son unos pobres tipos que emigraron muertos de hambre, no son unos desempleados, y no son gente que carezca al menos de la oportunidad de trabajar, la cual no les dará un salario extraordinario pero sí la posibilidad de al menos educarse poco a poco, cosa que el desempleado, el inmigrante, el minusválido y el chico de la calle muchas veces no pueden hacer a pesar de que pueden desearlo.

Probablemente otros individuos más honestos y menos patéticos harían un mejor uso de los puestos de trabajo que la sociedad les dió.

Y que nadie diga que soy racista, que segrego o algo por el estilo, pues tengo cientos de páginas para probarlo; lo que sucede es que hay que colocar las cosas en su sitio y decir las cosas claramente.

Tampoco soy un insensible: no solamente tengo que ver la pobreza casi a diario, sino que también he defendido a quienes lo necesitaban cuando llegó el momento de hacerlo en vez de desaparecer, y también tengo cientos de páginas escritas para probarlo.

Durante demasiado tiempo se ha colocado en un pedestal a ese tipo de gente con frases destinadas a tener pena como ´justicia social´ y ´ayudar a los que menos tienen´, totalmente hipócritas tanto que se dejaron de lado cosas muy importantes y los países han entrado en decadencia o no han podido brillar nunca a consecuencia de esta falsa preocupación.

Son pobres, pero no porque les falta trabajo, porque lo tienen. Son pobres porque son inútiles, porque ni siquiera teniendo un trabajo pueden hacer las cosas bien, porque son vagos e incapaces de agregar valor dentro de la sociedad. Si quieren ganar más dinero vayan a la escuela y estudien y sino confórmense con vivir entre la putrefacción y los deshechos porque es hora de empezar a colocar las cosas en su lugar y que cada uno sepa qué sitio es el que le corresponde porque se lo merece.


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