P. Edronkin

Consejos de meteorología: conociendo la tropósfera y la tropopausa



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La tropósfera es una de las secciones en la que dividimos a la atmósfera para su estudio. Es en esta región donde nos encontramos inmersos la gran mayoría de los seres vivos no acuáticos (al agua bien se la podría considerar como una forma de atmósfera, pero es otro tema).

Salvo algunos microorgansimos que podrían ser arrastrados hacia capas superiores de la atmósfera (y si sobreviven), prácticamente toda la vida terrestre y aérea se encuentra permanentemente dentro de la tropósfera.

Esta capa atmosférica posee un espesor variable; en general se habla de unos trece kilómetros de altura, aunque en algunas zonas y especialmente en los trópicos, llega en ocasiones a casi 20 km.

Distintos factores afectan a esta propiedad, como la temperatura local, la posición sobre la superficie terrestre y la época del año. Por lo general, la tropósfera tiende a asumir un mayor espesor en las regiones cálidas y las cercanas al ecuador. Esta capa posee diversas características o propiedades:

La temperatura disminuye con la altura, al ritmo de aproximadamente un grado centígrado por cada ciento ochenta metros, o lo que es lo mismo, casi seis grados por cada mil metros.

Esto no se aprecia en capas superiores de la atmósfera debido a que la luz solar cuando llega del espacio exterior, casi no calienta directamente a esta envoltura gaseosa sino que toda esa radiación calórica es absorbida en primera instancia por la superficie terrestre.

Luego, parte de esa energía es cedida por disipación a las capas de la atmósfera que se encuentran más cerca de ella y por eso es que la temperatura en la tropósfera resulta inversamente proporcional a la altura.

La mayor parte del vapor de agua que se encuentra en la atmósfera se localiza en la tropósfera. Consecuencia de ello es que en la estratósfera - y mucho menos más arriba - prácticamente no hay nubes. La falta de nubes en las capas superiores se debe también a que allí la temperatura tiende a ser estable y no existe transferencia térmica.

La variación de temperaturas debida al calentamiento y enfriamiento diarios son máximos en la superficie; es decir, es donde estamos nosotros el sitio en el que las variaciones térmicas son más pronunciadas; cuidado, no confundir esto con el frío o calor, que no son la misma cosa.

Se la delimita, de forma más o menos obvia, de acuerdo a las propiedades físicas del aire. Se considera al suelo como la capa inferior de la atmósfera, aunque obviamente hay algo de aire y a presión mayor en las cavidades subterráneas.

Por su parte superior, queda limitada por una región denominada tropopausa, correspondiente al límite entre la tropósfera y la estratósfera. Las propiedades de la tropopausa, y en especial su continuidad, homogeneidad y espesor, dependen de las condiciones troposféricas de cada zona.

Practicamente todos los efectos climáticos y fenómenos meteorológicos que nos conciernen cotidianamente se producen dentro de la tropósfera; esto no quiere decir que las otras capas atmosféricas no sean importantes, sino que los cambios climáticos de corto plazo son marcadamente más notables en esta región cercana a la superficie terrestre.

Casi no existen organismos vivos capaces de sobrevivir en las condiciones que encontramos en el espacio exterior. La atmósfera nos protege, actuando como un filtro que impide el paso de radiaciones nocivas, manteniendo la presión y temperaturas de forma estable, etc.

Si contaminamos innecesariamente la atmósfera, tendemos a romper este equilibrio y ello podría complicar nuestras posibilidades de supervivencia como parte de un ecosistema en el largo plazo. De ahí su importancia.




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