P. Edronkin

La falta de sustento del creacionismo (IV).



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Si Jesús vino a la Tierra a salvar a los hombres enseñándoles, partimos de la base de que de lo que el Reino de los Cielos pretendía salvarnos es de nuestra propia ignorancia. Por consiguiente, saber más es bueno y negar el conocimiento es malo.

Es evidente que Jesús no nos dijo absolutamente todo, en parte porque fue crucificado tempranamente, y en parte porque el propio Dios le ha dejado al hombre la capacidad de discernir, descifrar, desentrañar y entender cómo es nuestro universo, del mismo modo que un buen artista sugiere con su obra, pero no la explica.

Si el propio Jesús evidentemente no estaba en contra del conocimiento sino muy por el contrario, y siendo que el enseñar implica que hay cosas que todavía no están explicadas, Jesús no pretendía de nosotros que tuviéramos frente a nosotros verdades perfectas e infalibles, sin contradicciones, como el Sr. Villarreal pretende establecer, sino que es también parte de la obra de Dios el que existan dicotomías y contradicciones.

El propio pecado versus la virtud nos presenta una disyuntiva, y si hablamos de la existencia de un pecado original, también estamos implicando que existe esta disyuntiva desde el inicio de los tiempos, según el propio Génesis.




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