P. Edronkin

El trato a los inmigrantes (I).



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En todas partes el inmigrante es el blanco predilecto de todos los problemas. Ser inmigrante es asemejarse muchas veces al comodín de las barajas de cartas, puesto que te utilizan para todo. Pero en algunos casos la situación del inmigrante es peor que en otros, y donde asume ribetes especiales es en Europa.

La realidad es que incluso los países europeos - en muchos casos - han sido construidos gracias a los inmigrantes.

Por supuesto que hay cuestiones de absorción cultural y capacidad económica que deben ser tenidas en cuenta a la hora de analizar el tema de la inmigración a cualquier país, pero también los hay de orden moral.

El caso de los Harkis es un claro ejemplo del doble estándar con el que las naciones muchas veces se manejan, pues al mismo tiempo que Francia intentaba deshacerse inhumanamente de quienes le fueron leales en Argelia, estaba declamando a viva voz por los derechos humanos en países como la Argentina o Chile a los cuales, claro, les vendía al mismo tiempo armas como los caza bombarderos Mirage.

Basta que el lector se moleste en verificar las fechas correspondientes al final de la cuestión de los Harkis, los envíos de armas a Sudamérica (y particularmente estos dos países), y las denuncias sobre la violación de los derechos humanos durante las guerras sucias del subcontinente para constatar que todo ocurría al mismo tiempo.

Otro ejemplo muy claro lo constituye el doble estándar con el que el gobierno de España ha tratado la cuestión de los inmigrantes latinoamericanos. España es un país que durante muchos años expulsó gente.

La situación de cualquier inmigrante es muy difícil; por supuesto que hay que atender los temas legales y los derechos de los ciudadanos de los países hacia los que los inmigrantes fluyen, pero aplicando los principios del liderazgo las autoridades deben tratar por todos los medios de evitar que las preocupaciones legítimas de los ciudadanos en cuanto al mercado laboral, sus impuestos, la marginalidad, etc. se mezclen con el racismo velado.

Los dos problemas esenciales - y hay que decirlo - en cuanto a la inmigración se deben a las diferencias físicas y de color, por un lado, al hecho de que casi en su totalidad los inmigrantes se encuentran en una situación económica suficientemente mala como para darles un ´mal aspecto´ y también a que en muchos casos esos inmigrantes son realmente más capaces que muchos locales y eso es percibido por quienes de cualquier manera son comparativamente poco útiles para la sociedad como un peligro para ellos.

No hay que ser hipócritas en cuanto a los problemas migratorios: es cierto que un país no puede ni tiene realmente por qué hacerse cargo de las fallas y errores de otras naciones, pero al menos hay que tratar de colocarse por un momento en el lugar del inmigrante que hace lo que probablemente muchos harían de encontrarse en las mismas condiciones.




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