P. Edronkin

Educando al soberano (I).



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'...Un Príncipe sabio debe mostrarse como amante del mérito y dar preferencia a los hábiles, rindiendo honor a los que se destacan en cualquier arte...'


- El Príncipe, Maquiavelo
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El primer autor de quien se sabe su nombre fue una mujer: Enheduanna, hija del rey Sargon I y sacerdotisa de la diosa Nanna, en Ur (2.500 A.C.). La composición que la identifica como la primera escritora de la historia era un poema para su diosa.

Ashurbanipal, rey de Asiria, es probablemente el primer gobernante literato de la historia.

Con la escritura cuneiforme que surgió en Asiria y Babilonia se inventaron elementos tales como la enseñanza en las escuelas, la correspondencia, los sobres, los sellos, la contabilidad, la literatura escrita, y hasta los códigos legales, del cual el de Hammurabbi constituye el primer y más famoso ejemplo.

Darío I, rey de Persia entre el 521 y el 486 A.C. parece haber ido quien inventó la variante Persa del alfabeto cuneiforme con el objeto de contar con un elemento literario distintivo de su persona y que hiciera que las futuras generaciones le recordaran.

El Persa antiguo fue la primera variante del alfabeto cuneiforme en ser descifrada, y ello abrió las puertas a numerosos arqueólogos, que pudieron leer los textos antiguos en los que se relatan los hechos históricos recién enumerados.

¿Elige bien un pueblo en una elección a a sus representantes? ¿Puede - por ejemplo - un conductor de ómnibus, como en Venezuela, ser un buen líder de algo tan complejo como un país? Si nos atenemos a una infinidad de ejemplos históricos, la respuesta es que no; un líder de escasa educación y cultura no va a administrar bien un país, una empresa, un ejército, o por caso, cualquier tipo de organización.

Desde luego que hay excepciones y tenemos en la historia universal casos como el de Rubén Darío, Faraday o Abraham Lincoln que supieron salir de la ignorancia por sus propios medios, pero el problema con estos muy meritorios y excepcionales casos es que al elegir o tolerar a un líder ignorante se cree que esa excepción se convierte automáticamente en regla por el solo hecho de que ocurra una vocación.

El asunto es que una votación legitima políticamente, pero no otorga mayor inteligencia por arte de magia. Y la sola creencia de que sí lo hace demuestra la falta de racionalidad que generalmente ocurre en el momento de elegir a un líder.

En la elección de los líderes existe un cierto grado de confusión conceptual; la legitimidad popular no otorga legitimidad técnica, y en la actualidad, para el caso de prácticamente todos los puestos administrativos, se requiere de conocimientos profesionales. Esto quiere decir, sencillamente, que la elección de los líderes sin que exista otro requisito mas que la representatividad política no es aconsejable; es imprescindible que los candidatos posean como mínimo cierto grado de conocimientos profesionales. En otros casos, como en el de los jueces, oficiales militares o miembros del cuerpo diplomático de una nación, la elección resulta completamente desaconsejable, tanto como en el caso de un cirujano o un ingeniero, si es que no media primero un cierto grado de competencia demostrable.

Es decir, se podría llegar a elegir a un juez entre jueces, a un general entre generales, a un embajador entre embajadores, pero no a cualquiera como juez, cualquiera como general o cualquiera como embajador.

Lo irónico es que a los máximos estamentos del poder llegan líderes legítimos por votación, pero totalmente incapaces de conducir un país. Los presidentes y primeros ministros solamente deberían poder ser electos entre candidatos que ya tengan preparación para esos puestos a través de una larga carrera tanto ejecutiva en lo público o privado, y una larga carrera parlamentaria. La elección del presidente de un país o de un primer ministro sin mas que una campaña de marketing electoral de por medio es tan imprudente como lo sería colocar en la cabina de un avión a un tipo elegido entre un montón por solamente vestirse como piloto, sin necesidad de mediar la tenencia de una licencia habilitante.




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