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La culpa es del otro (IV).Por Pablo Edronkin
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Es decir, partamos de la base de que hay solamente una posibilidad en dos de que la culpa sea de otro. Si la culpa es de otro, ¿quién puede decir de qué 'otro' se trata? ¿Quién podría tener más autoridad que todos los demás para señalar a ese elusivo y resbaladizo 'otro'? Para mí, el otro es usted, y para usted, bien puedo ser yo. Para cada uno de nosotros, el otro es cada uno de nosotros menos uno mismo, y esto quiere decir, que el otro somos todos nosotros para todos los demás excepto nosotros, porque ni yo puedo decir a ciencia cierta que soy mejor que usted, ni usted puede pensar que es mejor que yo. Es decir, si la culpa no es del otro, entonces es nuestra, y si es del otro, continúa siendo nuestra, por lo que es mejor que empecemos a ver la verdad porque como de cualquier manera vamos a terminar con ella, al menos podremos ahorrarnos las molestias que siempre provendrán del hecho de no reconocerla, sobre todo dado que está probado que no somos masoquistas. Pero ¿a qué conduce todo esto? La culpabilidad, en este caso, no cambia, pues es de todos, pero nadie asume la responsabilidad, porque así como la sumatoria de las culpas que cada uno le asigna al resto del grupo, excluyéndose a sí mismo, resulta que incluye a todos, del mismo modo resta la responsabilidad de cada uno a los ojos de sí mismo, y nadie se siente culpable de nada. |
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