P. Edronkin

La gente y los líderes (VII).



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Un líder que da el ejemplo no solamente estimula a sus subordinados, mostrándoles que lo que está pidiendo es posible de realizarse, sino que también aprende de sus errores, pues la necesidad de dar un buen ejemplo le torna en un crítico de sí mismo.

La posición y las atribuciones que posee un líder pueden permitirle salirse con la suya bajo circunstancias en las que de otro modo no podría lograr nada, pero tal capacidad o margen para actuar discrecionalmente debe emplearse con mucho cuidado porque se desgasta.

Los malos líderes que abusan de tal condición con el fin de obtener ciertas ventajas a pesar de los demás, tarde o temprano son derrotados. La conservación de una posición de liderazgo depende en gran medida del buen o mal juicio con el que se empleen ciertas prerrogativas.

El líder, o quien pretende serlo, que manifiesta determinadas ideas con respecto a los demás pero aplica un doble estándar consigo mismo o con sus allegados no es más que un hipócrita, y pese a que su actitud pueda engañar a todos con algunos logros iniciales, a la larga se transformará en su propia perdición y la de la organización que dirige.

La autocrítica es el principal medio con el que un líder se debe asegurar de no convertirse en un hipócrita, pues tarde o temprano, los hipócritas dejan de ser creíbles.


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