Don Pablo Edronkin

El banquete de los dos mil años (I).



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'¿Qué razonamientos puede conseguir lo que no consigue el automóvil, donde van y vienen esos hombres, y la inyección de pantopón que fulmina, milagrosa, sus dolores? La desproporción entre el beneficio constante y patente que la ciencia les procura y el interés que por ella muestran es tal que no hay modo de sobornarse a sí mismo con ilusorias esperanzas y esperar más que barbarie de quien así se comporta.

Máxime si, según veremos, este despego hacia la ciencia como tal aparece, quizás con mayor claridad que en ninguna otra parte, en la masa de los técnicos mismos - de médicos, ingenieros, etc., los cuales suelen ejercer su profesión con un estado de espíritu idéntico en lo esencial al de quien se contenta con usar del automóvil o comprar el tubo de aspirina -, sin la menor solidaridad íntima con en destino de la ciencia, de la civilización...'

- 'La rebelión de las masas', José Ortega y Gasset.

Han pasado más de dos mil años desde que Platón caminó sobre la tierra, y en estos 730.000 días, hay dos cosas que evidentemente no han cambiando: una es nuestra estrechez de visión innata, que se hace evidente en muchas cosas, y la otra es el conjunto de algunos preceptos filosóficos relacionados con la naturaleza del conocimiento.

La forma en la que manejamos nuestro conocimiento es extrañamente simplista en algunos casos; la falta de empatía que tenemos con nuestra propia mente es llamativa, y el ritmo de vida que hemos asumido en la actualidad no ayuda para que esto cambie sino por el contrario, actúa casi como un manjar para opiómanos que nos conduce a profundizar nuestras contradicciones sin obtener nada positivo, pero creyéndolo.

Esto me recuerda que Einstein dijo una vez que la definición de la locura podía resumirse a reiterar una y otra vez las mismas actitudes esperando resultados diferentes.

Pero más allá de que se ha discutido ampliamente acerca de la falta de paralelismo entre los avances científicos y tecnológicos por un lado, y los éticos y morales por el otro,la manera en la que se encaran las profesiones hoy en día - lo que podríamos denominar como la aplicación práctica del saber - a mi criterio está equivocada.

Con el paso de los siglos hemos sabido construir una metodología del conocimiento - la ciencia - que más o menos garantiza la seriedad de los pensamientos que pretenden validar diversas teorías. Con ello, algunas instituciones como las universidades han ido logrando cierta preeminencia, aunque mayormente - y pese a la existencia de ejemplos concretos acerca del éxito de dicha forma organizacional - casi no se han estructurado instituciones de fines trascendentes, que son aquellos que superan a la vida de las personas que integran dichas organizaciones y les sobreviven.




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