Don Pablo Edronkin

Los malos líderes crónicos y agudos (VII).



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El problema con este tipo de respuestas es que al ser naturales, carecen de sensibilidad alguna. La naturaleza es cruel y no se cuestiona si en sus soluciones pagan justos por pecadores, y es bien sabido que en los cataclismos de escala nacional, no solamente pagan los líderes sino también los ciudadanos inocentes.

Esta es la principal razón para evitar a toda costa que las organizaciones cuenten con líderes que detentan excesivos poderes. El acaparamiento de atribuciones nunca es una respuesta viable.

Pero por otra parte, los líderes dictatoriales carecen de legitimidad frente a los demás, ya sean propios o extraños, y consecuentemente, siempre tendrán en contra a la voluntad de terceros, enfrentarán castigos en el futuro, y otros factores que tranquilamente pueden tornar inviable a la situación de poder más estable que se pueda imaginar, como el caso del Apartheid sudafricano.

La variante aguda de la incompetencia de liderazgo es algo de por sí malo, pero la variante crónica de este problema es más difícil de observar y contrarrestar, por lo que a pesar de ser menos dolorosa, es más peligrosa a largo plazo.

La forma en que se puede ejercer un mal liderazgo de forma crónica puede variar, pero en todos los casos depende de que se presenten de forma 'adecuada' algunos elementos:

1)- Una cierta predisposición de los integrantes de la organización a acatar lo que sus jefes les dicen que va más allá del simple respeto por las leyes, y que tiene que ver con conductas o factores culturales, idealmente alcanzando niveles de autodisciplina.




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