Don Pablo Edronkin

Los malos líderes crónicos y agudos (V).



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Sin embargo, las secuelas de este error, más allá de lo sucedido con los veteranos de este conflicto, son relativamente pocas. En su momento fueron tremendas, pero con el paso de los años la cosa se transforma en un recuerdo y luego, en historia.

El tema de las secuelas para los sobrevivientes es muy extenso y merece un trato aparte y extenso, pero digamos que muchas veces, los grupos o las sociedades de los cuales los sobrevivientes o damnificados por catástrofes, actitudes arbitrarias de la sociedad, de sus líderes, etc. no quieren reconocer lo sucedido, o aún existiendo cierto grado de reconocimiento prefieren eludir el tema, profundizando el daño hacia las víctimas. Lo malo es que tales actitudes son avaladas o estimuladas muchas veces por lídres que tienen plena concienca de lo que sucede.

Como casos históricos que ejemplifican este problema podemos mencionar a la actitud de ls británicos que saben perfectamente que no tiene derecho a permanecer en las Islas Malvinas, a la actitud de lo smismos británicos que saben que le deben unas buenas disculpas a los irlandeses y que no deben permanecer en el Ulster, a la actitud de los turcos respecto del genocidio armenio, a la actitud de los japoneses que nunca hicieron un mea culpa sobre su papel en la segunda guerra mundial, o a la actitud del gobierno polaco en cuanto a la falta de restitución de las propiedades confiscadas a muchos de sus ciudadanos durante la segunda guerra mundial y la era comunista.

En general, el reconocimiento e indemnización en tales casos es postergado por generaciones, y llega demasiado tarde y mal. El motivo es bien racional: esperar a que mueran los damnificados para restituir lo menos posible. Por caso, la devolución de tierras a los habitantes nativos del continente americano se recién está teniendo lugar ahora, siglos después de las confiscaciones, y en forma muy limitada. Los líderes saben perfectamente eso, y actúan de forma deshonesta minetras que a la sociedad, por lo general no le interesan estas cuestiones porque afectan a un número relativamente reducido de personas y de manera un tanto abstracta para la mayoría.

En algunos casos la sociedad incluso puede opinar y actuar en base a prejuicios, como en el caso de los ingleses in Irlanda, los turcos respecto de Armenia, o el antisemitismo imperante que provoca que mucha gente piense que no hay que devolverle a los judíos las propiedades que los nazis les robaron, bajo el pretexto de argumentos como que ya pasó mucho tiempo, o que las víctimas de por sí tienen dinero, etc.

Y todas estas actitudes nocivas e injustas son, por lo general, avaladas y estimuladas por los líderes de esas sociedades (Ver Robbery and Restitution).

Esta clase de líderes generalmente paga sus errores con su cabeza, dicho de forma figurativa o realista. Es decir, sus desmanes son tan marcados y patentes que a los subordinados o a las instituciones que los mantienen no les queda otra alternativa mas que deshacerse de ellos por una simple cuestión de supervivencia.

En las organizaciones que cuentan con instituciones internas bien desarrolladas es difícil que un líder pueda cometer un error garrafal, pues los equipos de asesoramiento internos le pueden dar una mano a la hora de tomar las decisiones, y los equipos de control pueden evitar que las malas decisiones puedan ponerse en práctica.

Es decir, existen numerosos mecanismos de advertencia y de control como para que los actos demagógicos, las inconductas y los errores garrafales puedan llegar demasiado lejos.

Esta es una de las virtudes esenciales de las buenas estructuras de gobierno, gestión o 'management', es decir, se autocontrolan y hacen que las conductas de las organizaciones y sus integrantes sean medianamente previsibles, en un buen sentido.

Los líderes autocráticos o dictatoriales no son necesariamente malos en sí con administradores puros. La historia nos muestra varios casos de individuos que pese a ser sanguinarios han logrado colocar a sus países en posiciones de poder destacadas, o bien de desarrollar las ciencias o paradójicamente, las artes. Federico el Grande, el Zar Pedro I y la Reina Elizabeth I son algunos ejemplos de esta clase de líderes.




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