Don Pablo Edronkin

La producción de conocimientos en el contexto de las competencias internas (IV).



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Es decir, los conocimientos e ideas romanas no solamente constituyen una anécdota o la base teórica de nuestra cultura, como en el caso de los griegos, sino que por la extensión de su aplicación hoy en día bien podríamos decir que ese imperio transmutó, quedando de él la iglesia católica en particular y el cristianismo en general, y que al mismo tiempo, si viajáramos en el tiempo, no encontraríamos a la antigua Roma como algo demasiado extraño.

De hecho, el conocimiento es poder, como nos lo dice Alvin Toffler. Quizás sea la forma de poder menos entendida pues sus efectos no son necesariamente inmediatos, como ocurre en el caso del poder de la fuerza o el poder económico, pero es la forma más eficiente de ejercer la voluntad propia por sobre los demás, pues por medio del conocimiento es posible desarrollar tanto la fuerza como el poder económico o del dinero.

El conocimiento tarda tiempo en desarrollarse, pero una vez que lo hace su efecto es similar al que produce una bola de nieve. Es decir, se retroalimenta asumiendo una inercia propia que después conlleva al desarrollo y obtención de más conocimiento.

Pero este saber no necesariamente es teórico y se transmite o derrama hacia las áreas más insospechadas: el Gore-Tex® que tanto conocemos se originó a partir del desarrollo de trajes espaciales, y esto ocurrió gracias a que el teflón empleado en estas telas se desarrolló en algún momento como un secreto militar.




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