P. Edronkin

Usted no es más que un esclavo (XIV).



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"Hace poco estuve visitando a un tío mío que vive en la ciudad de Cracovia, en Polonia. La casa en la que él vive tiene 300 años, y la mesa de su cocina, unos 250.

Si uno se toma la molestia de viajar por las granjas europeas o por las pircas de los Kollas del antiguo imperio incaico, verá que muchas de las construcciones tienen cientos de años.

Muchas de las propiedades de los granjeros suecos o noruegos ya existían en realidad en la época de los vikingos, y se le puede preguntar a un arqueólogo si no le encantaría excavar allí.

Ese era el criterio que se utilizaba antes. Hoy en día las construcciones se hacen con perspectivas de durabilidad de no más de 50 años. Es decir, una casa se consume tanto como un par de zapatos; quizás el proceso sea más lento, pero evidentemente no es lo mismo una casa del siglo XXI que una del XVIII en términos de durabilidad.

Esto quiere decir que el sistema inmobiliario corriente presenta una ventaja esencial para otro sistema: el de créditos; y ello solamente en razón de que con expectativas de durabilidad de algunas décadas por vivienda, los bancos tendrán siempre clientes asegurados a la hora de solicitar créditos."

Hielo sobre el techo de la cabaña Waldorf.
Otro estilo de vida es posible: es preferible ver el hielo que se descongela
sobre el techo de una cabaña que el mal café que se enfría en el 
escritorio del cubículo anónimo donde se trabaja como 
un ser anónimo para una sociedad anónima



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