Don Pablo Edronkin

Un método para identificar y entrenar líderes (VII).



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"Esto puede observarse en el mundillo político con claridad: en la historia se han presentado numerosos casos de personas que se han constituido en caudillos o líderes revolucionarios, para lo cual cumplieron una tarea sumamente efectiva, pero luego, al formalizarse las nuevas estructuras sociales y de poder, una vez terminada la revolución, no pudieron sostenerse.

El caso de Thomas Paine es uno de los mejores ejemplos en tal sentido. Los líderes de la Revolución Francesa, en general, siguieron un camino similar, y también el caso de muchos revolucionarios latinoamericanos demuestra lo mismo.

Por otra parte, puede ocurrir lo contrario, es decir, que se cuente con un buen líder que sería efectivo bajo condiciones propicias, pero que en entorno imperante no tiene aplicabilidad. Esto es algo común en la política de muchos países, entre los que se puede contar a los latinoamericanos.

En más de una ocasión, los habitantes de los países de América Latina nos hemos encontrado con – por ejemplo – presidentes que en sí podrían no ser malos gobernantes, o podrían ser honestos, trabajadores, bien intencionados, etc. pero a los cuales la situación imperante que los rodea, los sobrepasa.

 Es decir, no son líderes adecuados pues en situaciones que requieren de profundos y continuos procesos de cambio, búsqueda de equidad, lucha contra la pobreza, etc. se requiere de personas con capacidad autocrítica y un espíritu más propio de los líderes revolucionarios e informales que de los líderes formales."





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