P. Edronkin

La lucha contra las mentiras como razón de estado (VI).




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"La mentira de un líder de cualquier clase afecta a muchas más personas, y es por eso que, una vez más, que el asunto asume connotaciones políticas y quizás hasta de estado.

Si las mentiras de un líder son tan gravosas, entonces cualquier grupo social que se precie de serlo y pretenda tener algún futuro a largo plazo debe asegurarse de seleccionar a sus líderes de modo que estos resulten cuanto menos mentirosos sea posible.

Las mentiras de los líderes no pueden ser consideradas como un mero detalle. Si un funcionario público dice una mentira, pone en descrédito a todo el gobierno. Si un líder religioso miente, pone en entredicho a toda su religión. Si el líder de un grupo miente, pone en entredicho al grupo y a la estructura que lo sustenta tanto a él como a toda la organización. La hipocresía es lo que acabó con el régimen soviético, y no la validez o invalidez de las ideologías, porque la mentira se relaciona con el bien y el mal, mientras que la ideología solamente con la creencia.

Pero ¿por qué mentimos? La respuesta es, por miedo. Este miedo deviene de la necesidad que percibimos de protegernos. La mentira y el miedo son cosas inherentemente asociadas entre sí.

Este miedo, en tal contexto, puede clasificarse como:

1)- Miedo a perder una ventaja.

2)- Miedo a un castigo.

Si es el miedo el que impulsa a la mentira, entonces bien podríamos decir que hay una asociación entre el miedo y la cobardía, o, dicho de otro modo, que los mentirosos son cobardes, y una de las peores cosas que le puede suceder a un grupo es que su nuevo líder sea un cobarde."




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