Don Pablo Edronkin

La lucha contra las mentiras como razón de estado (V).




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"Tal virtud alcanzará para que los miembros de dicho grupo obtengan lo que desean, pero solamente en el seno del mismo. Sin embargo, virtudes como esta resultarán incompatibles con las de otros grupos, y a no ser que el grupo en cuestión pueda considerarse estrictamente como un sistema cerrado, esa incompatibilidad producirá conflictos entre los grupos.

La resolución de estos conflictos dependerá de la fuerza relativa de cada grupo contrincante, y en el caso particular de las mentiras, si consideramos que la verdad es un valor cultural y social en prácticamente todas las sociedades, grupos, naciones y estados del mundo, aunque hubiera matices al respecto, entonces no resulta difícil deducir que un grupo que sustente a la mentira como un valor propio no logrará prevalecer.

Como mencioné, las formas particulares y "privadas" de ética y moral pueden funcionar si los grupos que las aplican pueden llegar a considerarse como sistemas cerrados. Un ejemplo de ello lo tenemos en el caso de la Mafia de Sicilia.

Las mentiras resultan tanto más importantes cuanto mayor sea la influencia y más elevada la posición de poder del mentiroso. Quizás por razones de cultura y educación, las mentiras de los paupérrimos resulten más burdas, flagrantes y hasta crueles, pero el alcance de sus efectos se limita a una o pocas personas de poca relevancia relativa, como son quienes conviven en esos estamentos sociales."




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