P. Edronkin

La desaparición de la palabra (III).




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"En este caso, es decir, hablando del conocimiento, esperar que otros sean los que nos lo den implica dos cosas: por un lado, una actitud que yo llamaría atávica, por estar imbuida de ciertas pretensiones casi mágicas, sobre las cuales basamos la creencia de que necesitamos una especie de bendición para aplicar nuestra mente a tareas intelectuales.

Es decir, esperamos que un "médico brujo" nos dé el hechizo que nos hará sabios. 

Esto es sencillamente una mentira. En este sentido, nuestra cultura es tan chamanística como en el caso de muchas tríbus primitivas, y basta ver que mucha gente lee el horóscopo o cree en el tarot para constatar que es así. Más allá del puro entretenimiento que signifca para algunas personas hacer ese tipo de consultas, existen también muchas que realmente creen en ese tipo de mística.

El tarot, la astrología, los horóscopos, etc. no tienen ninguna base científica; de hecho, en el caso particular de la astrología y la alquimia, estas son actividades que antiguamente no se diferenciaban de lo que hoy conocemos como astronomía y química, resepectivamente; lo que sucedió es que con el correr del tiempo y a medida que maduró la metodología científica, algunos delos preacticantes de esas disciplinas optaron por adoptar el método científico mientras que otros continuaron afferándose a las tradiciones de sus actividades.

Eso hizo que surgiera las ciencias propiamente dichas y como las conocemos hoy en día, y que con mucho menos prestigio, alcance y credibilidad, continuaran las actividades esotéricas en principio con un mismo objeto de estudio, que al avanzar cada vez más el conocimiento científico, fueron separándose progresivamente.

Por otra parte, esperar que sean otros los que nos den todo es en la práctica desmerecernos a nosotros mismos, pues estamos asumiendo y reconociendo con tal actitud que no somos o queremos ser capaces de aprender por nuestra cuenta.

Es decir, deseamos y buscamos ser sutilmente ineptos; lo suficiente como para saber y reconfortarnos en el hecho de hacernos dependientes de otros.

Pero no es de esta manera que el mundo ha avanzado. Ciertamente, la sistematización ayuda, pero no debe llevarse a los extremos a los que parece que estamos acostumbrados hoy en día en un mundo que le da más importancia a un papel que a la persona en sí.

Si observamos a los grandes inventores, estadistas y descubridores de la humanidad, podemos observar un claro patrón: prácticamente todos ellos, y me refiero a los que realmente han cambiado paradigmas, han sido autodidactas.




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