P. Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (XVI).




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Para quien no lo sabe, los títulos universitarios también se pagan. Los títulos de las prestigiosas universidades cuestan mucho dinero, y si comercialmente, un título nobiliario brinda mucho prestigio en algunos mercados, entonces el comercio de los mismos es una cuestión de simple oferta y demanda.

Pero obviamente, si como relata Lepot el poseer un título nobiliario puede ser lucrativo aparte de una simple cuestión de prestigio, entonces no debería sorprender a nadie que exista un comercio de ellos.

Claro, el título universitario requiere de una inversión de esfuerzo, además del dinero, pero por otra parte, los títulos nobiliarios son mucho más escasos y por ende, más valiosos.

Que Lepot denomine a esto como "esnobismo" no me parece acertado. Si bien es cierto que esta actitud existe, no está limitada ni es particular de estos títulos, por lo que asignar semejante caracter peyorativo a los mismos hasta puede ser una manifestación ofensiva para quienes los poseen o los aprecian.

Para ponerlo de otra forma, si un médico argentino o chileno viaja a los Estados Unido y pretende ejercer su profesión sin rematricularse debidamente, incluso siendo médico genuinamente iría a parar a la cárcel, y basta averiguar que en algunos estados de la unión, como la Florida, hasta hace poco era considerado delito para, por ejemplo, un ingeniero, mostrar una tarjeta de visita con su título universitario si no estaba debidamente matriculado en dicho estado.

Si yo fuera el mejor ingeniero del mundo, pero fuera japonés y estuviera de visita en Miami, alguien que recibiera mi tarjeta de visita podría hacerme encarcelar por ello.

De cualquier forma, muchas de las observaciones del autor son útiles o pueden constituir un punto de partida para quienes se interesen por dichos títulos, a fin de guarecerse del fraude.

Pero evidentemente, la recaudación de fondos se hace en todas partes, y hasta las propias universidades lo hacen con los bien conocidos doctorados "honoris causa", y entre las universidades que lo hacen, figuran prestigiosas instituciones como la Universidad de Bologna, por lo que la discusión se convierte en algo complicado y que excede el caso del supuesto Rey.

Lepot omite este dato y vuelve a faltar a la verdad.

Es más, el propio poder judicial de los EE.UU ha avalado a las iglesias y confesiones a otorgar títulos doctorales de naturaleza religiosa sin control oficial, de acuerdo a la sentencia cursada el día 27 de Febrero de 1974 en su causa s-1964, Juzgado del Distrito Este de California.

Por otro lado, si el propio gobierno inglés otorga títulos de caballería y nobleza, y admite la subasta de tales títulos, estamos diciendo que Francia, los Estados Unidos de América y el Reino Unido avalan tales transacciones, y si bien en un solo caso podría aceptarse el empleo de argucias legales por parte del sucesor Philippe y otras personas, como dice Lepot, ya estamos hablando de tres países independientes y de indudable seriedad jurídica que avalan tales acciones.




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