Don Pablo Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (XV).




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En cuanto a las ordenes y medallas, si el gobierno francés, o para el caso, cualquier otro gobierno las aplicara en el sentido tan estricto que el autor menciona, hasta los Boy Scouts y los cadetes de los hoteles estarían en cárceles francesas, y no nos olvidemos de los empleados de los restaurantes como Mac Donald's que llevan condecoraciones propias como "Empleado del Mes" y semejantes.

Evidentemente, entre la interpretación que hace Lepot y la realidad, hay algunas diferencias y aquí una vez más está faltando a la verdad y desacreditando su punto de vista.

Pero más allá de que el comercio, y también el tráfico de títulos nobiliarios son parte de la realidad, y sin pretender analizar profundamente esto desde un punto de vista heráldico, el autor hace referencia a nobles que, por el caso, no venden sus títulos por considerar a esto algo incorrecto, e inicia una especie de arenga moral sobre lo que es aceptable o no en materia de estas ventas.

Pues bien, sin avalar el fraude, que es un delito en cualquier tipo de venta y lo hay en las operaciones inmobiliarias, de joyas, etc. los títulos nobiliarios han sido históricamente escrituras, o títulos de propiedad de tierras.

¿Acaso no es posible vender tierras?

Es evidente que los títulos constituyen una cuestión de status, y bien real, por lo que tienen valor, como lo son la moda, los autos deportivos, viajar en Concorde, y otros productos o servicios de lujo.

¿Está mal poseer un auto de lujo?

Justamente, es obvio y natural que si un producto o servicio posee algún valor, se desarrolle un mercado a partir de él.

Lepot menciona que antes los títulos nobiliarios se daban por actos de valor, patriotismo, etc. pero en la práctica, se entregaban, generalmente asociados a la posesión de tierras, por un simple problema de caja: los reyes no contaban con dinero efectivo para pagar tales servicios.

El propio Duque de Buckingham se encargó en una época en llenar las arcas de Inglaterra vendiendo títulos con el aval del monarca. Concretamente, vendía Baronías.

Y también los gobiernos de la Argentina y EE.UU pagaban a sus servidores con tierras y cosas por el estilo. A Luis Piedrabuena le dieron la Isla de los Estados de esta manera. Que estos premios no llevaran un título por nombre es solamente una cuestión de forma, pues en esencia eran lo mismo.

Reitero que los títulos nobiliarios son estrictamente hablando, títulos de propiedad. Es decir, las escrituras que se empleaban dentro del sistema feudal, así que hablar de cesión de tierras en una república, o de cesión de títulos nobiliarios en una monarquía es, en esencia, hablar de lo mismo. Es obvio que cuentan con un cierto élan, que les da un valor casi etéreo, pero en el fondo no son más que otro bien transable.

Por otra parte, referirse o pensar que tales títulos se entregaban únicamente por cuestiones heroicas más propias de los cuentos de hadas que por cuestiones de este mundo resulta ingenuo, y más aún cuando en la historia se pueden apreciar muchos casos de nobles que no tenían espíritus muy nobles, sino más bien crueles ¿O el Marqués de Sade recibió su título por sus preferencias personales?

¿Y qué hay de César Borgia?

Y no nos olvidemos que varios piratas y corsarios, como Sir Francis Drake, recibieron sus títulos por actos totalmente innobles, como precisamente lo es la piratería.

Es más: tanto los Romanos como luego Carlomagno, entregaban los títulos nobiliarios como títulos de función pública. El 'Dux' Romano, Duque era una especie de jefe militar. Los 'Comtes' o Condes, eran los cortesanos del Emperador. 'Baro', por Barón, significa en una forma antigua 'Hombre libre' es decir, que no se trataba de un siervo o esclavo, etc.

En un mundo ya acostumbrado al arte abstracto, a las sumas millonarias que se abonan por 'obras' por demás extrañas, a cachets de artistas exorbitantes, resulta extraño que la venta de un título nobiliario resulte tan sorprendente para el autor.

Obviamente, ello no quiere decir que uno vaya a adquirir un título nobiliario, pero para quien desea hacerlo, y mientras se trate de algo genuino o al menos, no ilegal, no puede haber objeción válida, y en cuanto al uso que pueda hacer de él en otras latitudes, donde puede ser considerado como legal o ilegal, la cuestión no es tan tremenda, pues este tipo de cuidado también hay que tenerlo con los títulos universitarios.




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