P. Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (XIV).




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Para poder jugar con la ley de esta forma, y sin saber nada de leyes habría que estar frente a un verdadero "Príncipe" al mejor estilo de Maquiavelo, quien, de paso, reconoce y afirma que los cargos puede obtenerse de diversas formas, y para Maquiavelo, un Príncipe que logra obtener su posición por medios alternativos a la sucesión hereditaria es tan legítimo como uno de sangre, por lo que la sucesión Araucana es de todas formas, legítima incluso bajo los argumentos del autor.

Es decir, de acuerdo a la indudable literatura de Maquiavelo, si seguimos el razonamiento de Lepot, debemos concluir que en el caso del Phiilippe estamos ante un verdadero Príncipe.

Si nos guiáramos por los argumentos de Lepot en este sentido, y nos rehusamos a aceptar tal conclusión pese a todo, tendríamos que elaborar toda una teoría complicada acerca de cómo el sucesor Philippe es un autodidacta en cuestiones de derecho o cuenta con formidables y subrepticios asesores legales, pero si es así ¿quienes son y donde están?

La otra teoría podría ser que hay como mínimo algo de verdad en lo que sostiene el Príncipe philippe.

Ahora bien, de acuerdo al más puro método científico, se dice que si dos teorías explican igualmente un hecho, la más sencilla tiende a ser verdadera o poseer un mayor valor de verdad.

Pues bien, es evidente que resulta más sencillo de entender que una persona "sin estudios terminados de ninguna clase" puede vencer en una contienda legal si tiene la simple y pura razón, o bien que posee tales estudios, que si emplea argucias y que "ha sabido explotar hábilmente", o bien, que tal persona no es alguien que "no ha completado ningún tipo de estudios" pero es extraordinariamente hábil en un terreno que en Europa está reservado para verdaderos especialistas.

De esto se desprende que en un caso o en otro, Lepot está faltando a la verdad, lo cual desmerece la calidad de su trabajo tanto desde el punto de vista científico como periodístico.

Volviendo al tema de los títulos otorgados en sí, aclaro que el reconocimiento oficial del gobierno francés equivale a lo que en el caso de los títulos universitarios se denomina acreditación oficial, que es bueno tenerla para las casas de estudios, pero no significa automáticamente que las que no la poseen sean malas.

De hecho, varias de las escuelas de la Universidad de Harvard no cuentan con acreditación del gobierno norteamericano, y muchas universidades nuevas no pueden estar acreditadas simplemente por ser nuevas, lo cual no significa un juicio de valor sobre las mismas. 

Hay muy buenas universidades que no cuentan con acreditación oficial, y si bien desde luego, ello influye en su prestigio, no es un factor determinante.

¿O no podría deberse que estas ordenes de caballería figuren en tales listas a tecnicismos legales tan arcanos como las propias argucias que Lepot dice que Philippe ha empleado "con habilidad" y simplemente ello es un mero detalle?




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