P. Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (X).




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Otro hecho interesante es que el autor menciona en varias ocasiones que el monarca importó una constitución Francesa a su reino, escrita en francés.

Pues bien, los españoles trajeron a América sus documentos escritos en español. No los tradujeron al guaraní ni al mapuche, ni a ninguna otra lengua indígena.

La iglesia católica con sus ritos también ha sido una importación, y dicho sea de paso, por siglos la misa se celebró en latín.

Al fin y al cabo, los latinoamericanos estamos recordando cada 24 de Diciembre, del mismo modo que los canadienses, japoneses y tahitianos, a un niño nacido en un pesebre de cercano oriente.

Si es válido esto para miles de millones de personas ¿Por qué no lo sería para este Rey?

Respecto de la carta magna del reino, el autor menciona que era un calco de la constitución francesa, pero resulta cierto que la constitución argentina de 1853 es también imitación de la norteamericana y que por otra parte, la Argentina, hasta dicho año, se caracterizó por un marcado desorden institucional y la falta de una constitución a causa de las luchas entre los diversos caudillos, por lo que si hay que hacer un juicio de valor sobre ambos casos, no parece ser que la Argentina estuviera, en ese momento, particularmente más organizada excepto por el hecho de que era un país con un número importante de habitantes.

¿Qué autoridad moral tendría la Argentina para juzgar la calidad de esta constitución cuando en esa misma época, recién se estaba organizando institucionalmente? Recordemos que por décadas, la Argentina no contó con un esquema constitucional válido, así que no hay autoridad moral aquí para dictar cátedra en esto.

Si dicha constitución era o no más autoritaria que la francesa, no creo que sea un punto relevante, pues recordemos que en esa época en muchos países, incluyendo Brasil, un país sudamericano, existía la esclavitud, por lo que es evidente que no podemos hacer una comparación o análisis de dicha constitución con nuestros días, sino que debe ser tomada en el contexto de su época, situación en la cual no puede considerarse como particularmente más autoritaria que otras (ver Slave Traders).

Es un error metodológico analizar la historia sobre la base de los criterios actuales. La historia debe analizarse en un contexto y Lepot, periodista y profesor universitario, lo debe saber.

Por otra parte, Lepot hace inferencias respecto de cómo los indios podrían haber aceptado al rey rápidamente o no. Como no hay testimonios ni de un lado o del otro, el asunto queda como palabra contra palabra, o mejor dicho, si de alguna forma se demuestra que el Reino de la Araucanía existió y fue reconocido, sería la palabra de un particular (el autor) contra la de un Estado Nacional (más adelante se demuestra implícitamente que la Araucanía fue reconocida).

Con un criterio similar al que se sugiere que el supuesto rey fue aceptado, también lo fueron numerosos gobernantes, como el "Restaurador de las Leyes" y muchos caudillos locales a lo largo de la historia que aceptaban el "pedido popular" para continuar gobernando, y otros argumentos semejantes.

 Es decir, los documentos de Antoine I deben ser tomados como válidos por ser crónicas de un estado, y no poder aducirse otro argumento más que el simple desacuerdo frente a lo que parece ser algo inventado o exagerado, pero puede ser bien real.
 
Por otra parte, si esos hechos hubieran sido exagerados, es bien evidente que algún tipo de apoyo popular por parte de los indios existió, y si el "restante" se debe a una exageración política, la única conclusión que podría extraerse es que el monarca empleaba las mismas técnicas de propaganda que emplearon y emplean muchos jefes de estado.

Es decir, estaba actuando como un jefe de estado y como un político, emitiendo documentos políticos y elaborando estrategias propias de un político, lo cual, evidentemente, habla de una gestión de gobierno que realmente existió.

Si tal criterio fuera válido para descalificar totalmente a un gobernante ¿Cuantos presidentes y primeros ministros ya se hubieran quedado sin empleo?




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