Don Pablo Edronkin

Enrique Oliva, alias Francois Lepot, está equivocado respecto del Rey de la Araucanía (V).




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Es más, desde un punto de vista de los hechos, la ofensa argentina o chilena en relación a las pretensiones territoriales de Antoine I no suena muy diferente de lo que podría parecerle a un Kelper de las Malvinas el reclamo argentino. 

Es decir, una parte considerada por ellos como sin derechos y sin fuerza para quitarles en territorio que consideran como propio, pero con reclamos constantes.

Para la Argentina o Chile, los reclamos de Antoine I y sus asociados y sucesores son equivalentes en el sentido de que también se trata de reclamos "antojadizos" desde el propio punto de vista, hechos por una entidad con insuficiente poder pero de forma insistente.

Estas son simples cuestiones de política, pero que no son válidas en este caso. Naturalmente, se las refuta por conveniencia, pero sin ninguna base particularmente sólida, más que la fuerza.

En cuanto al propio título de Rey, Antoine I no sería el primero en autotitularse por estas latitudes, si es que realmente no hubiera sido coronado por los indios.

En la Argentina, el Brigadier general Don Juan Manuel de Rosas se autodenominaba "El Restaurador de las Leyes" y el hecho es que durante su gobierno de facto, el país no llegó a poseer una Constitución Nacional propia y valedera.

Por otra parte, si es por títulos obtenidos por vía indirectas o poco ortodoxas, Don Juan Manuel Belgrano nunca hizo la carrera militar, pero se lo conoce como "General" habiendo sido únicamente un "Licenciado" por el expediente hecho de que fue electo como tal, por lo que incluso si supusiéramos que Antoine I no era de origen noble, como sugieren sus detractores, si Belgrano pudo convertirse en General por elección, Antoine también podría convertirse en Rey del mismo modo.

De hecho, en algunos países como Polonia, los cargos monárquicos eran electivos, y Montesquieu y Maquiavelo aceptan a la elección como mecanismo sucesorio de un monarca.

Por otro lado, los países latinoamericanos han tenido un gran número de presidentes de facto cuyos actos, sin embargo, han sido reconocidos ampliamente como razones de estado, más allá de cuestiones políticas, así que en nuestra propia historia hemos tenido, aplicado y reconocido condiciones de facto.

Por ejemplo, los tratados firmados por los gobiernos militares de los Generales Pinochet o Videla, se han aplicado posteriormente en la democracia.

Es más, tales atribuciones, títulos y manifestaciones deben entenderse como hechos propios de la actividad política de cualquier persona que pretende administrar un estado. 

El supuesto Rey Antoine I no era ni mejor ni peor que otros al hacer esto.




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