Don Pablo Edronkin

Las críticas contra el Príncipe de la Araucanía y Patagonia carecen de sustento (III).




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La historia relata que el Antoine I volvió 3 veces a la Patagonia después de su captura y, en los hechos, deportación, y con el fin de reclamar su trono. 

Más allá de que no lo logró, no se puede negar que hubo en él una persistencia y tenacidad poco comunes, que en vez de merecer insultos, merecería al menos cierto reconocimiento por ello y sin tener que decir que se está de acuerdo con lo que este hombre sustentaba.


Lago Puelo
El Lago Puelo, en la Patagonia, visto desde el Sur. 
Fotografía de Gustavo Sakuda, 1994.



Para decirlo de otra forma, Antoine I se preocupó más de su reino, imaginario, tenue o real, más de lo que muchos de nuestros propios dirigentes harían, y lo hizo enfrentando muchas dificultades y peligros a lo largo de décadas. 

Por otra parte, es una muestra de cierto grado de rudimentarismo intelectual el desechar a esta historia como parte del folclore de la región que enriquece a la propia historia de argentinos y chilenos como una anécdota simpática.

Es evidente que los sucesores de Antoine I tendrían una enorme batalla por delante si quisieran lograr que la Argentina o Chile abandonaran los territorios en cuestión. Dicho de otro modo, un Palacio de Buckingham en algún lugar de la Patagonia es en la práctica una utopía. Por ende, no hay nada que temer, ni siquiera por el lado de la fuerza, en este sentido.

Sin embargo, lo que se ha hecho es negar la historia, y ridiculizar a quienes la relatan, lo cual es necio, pues negar un hecho no es algo muy inteligente, y atacar al orador es, como vimos, una muestra de falsedad.

Esta historia, inocua por cierto, hasta podría ser explotada turísticamente, lo cual daría trabajo a mucha gente que lo necesita, pues estos dos países que hoy en día se dan el lujo de hacer aseveraciones soberanas, no han sabido dar a sus habitantes una vida pacífica y realmente decente en casi doscientos años de historia, y esto también es un hecho.

Esto refleja falta de visión por parte de quienes hacen tales criticas sin extraer ni un dato positivo al respecto.

Por otro lado, tengo a la historia de mi familia, exterminada durante la segunda guerra mundial por cuanto nacionalismo y otros "ismos" pasaron por Europa como para afirmar que desgarrarse las vestiduras por un pedazo de tierra no es algo particularmente loable ni inteligente, y sobre todo cuando, en la práctica, no se ha hecho nada con esos territorios.

Me consta, pues he estado en varios lugares así, que hay comarcas de la Patagonia en las que todavía hoy en día ningún ser humano ha puesto pie, y por ello me pregunto ¿Para esto tantos muertos? ¿Para esto tanto reclamo soberano?

Me extraña que los autores de estas críticas en contra de Antoine I y sus descendientes, no fuera capaz de discernir entre estos aspectos, pues así lo único que demuestran es que no tienen ni argumentos sólidos ni gallardía, y ni siquiera, un poco de practicidad pecuniaria.

Si lo vemos desde un punto de vista práctico, son los propios hechos de argentinos y chilenos los que le dan sustento a los reclamos de los descendientes de este extraño rey.

Sería agradable que todo este debate pudiera discurrir por senderos de un mayor nivel intelectual por parte de los críticos de Antoine I y sus descendientes. Si realmente tienen razones de peso, podrán seguramente proveerlas sin necesidad de descalificar ni recurrir a argucias. 

Estando calificados profesional y laboralmente para hacerlo, es lo menos que se podría esperar de ellos, y debe recordarse que sus artículos y comentarios no deben dirigirse solamente a los propios, a fin de convencerse a sí mismos de que tienen razón, sino a terceros, porque cuando un holandés, inglés, francés o canadiense lee este tipo de cosas, es imparcial en cuanto a cuestiones de soberanía, y lo único que siente es que quienes usan a la mofa y el escarnio como estilo son los verdaderos personajes desagradables que no convencen a nadie.

Creo que es hora de que pensemos un poco.




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