Don Pablo Edronkin

Recordando a los muertos... que más vale estar muerto. El 17 de Agosto del 2000 en Argentina.




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Se acerca el 17 de Agosto del 2000, día en el que se conmemora la muerte del General San Martín en la Argentina, Chile y Perú. El gobierno argentino organizará un desfile, y habrá asueto el día jueves por la tarde.

Mientras tanto, acabo de leer en el diario Clarín de hoy, que el Ministro del Interior de la Argentina, Federico Storani, recientemente dijo que "le pide a la gente que tenga fé", y que en "ocho meses no es posible hacer milagros", y esto me ha llevado a pensar, ¿Qué es lo que estamos conmemorando el 17 de agosto?

Quizás estemos festejando un 17% de desempleo que no cede.

Quizás estemos festejando casi 18 años de democracia.

Quizás estemos festejando dos años de recesión económica.

Quizás estemos festejando nuestra ingratitud, pues me parece que el General San Martin, viendo esto se sentiría como el recientemente fallecido - por suicido - Dr. Favaloro, argentino, creador de la técnica de bypass coronario que ha salvado a numerosas vidas, y que tomó tal decisión tras años de frustración en la Argentina.

Quizás estemos festejando que Favaloro se suicidó por no contar con un ápice de apoyo para su actividad científica mientras los gobiernos argentinos se dedican a cosas como resolver huelgas en los equipos de fútbol.

Quizás yo, y muchas otras personas y empresas que han celebrado contratos con el estado, estemos festejando como en mi caso que el propio estado nacional debe dinero desde 1995 y ni siquiera me han dicho cuando me van a pagar, mientras que por supuesto, me exigen que pague impuestos, incluso por la cifra que me deben, pues lo consideran un "crédito" que yo les estoy dando.

Quizás esté festejando haber dado un "crédito" sin haber dado mi consentimiento, nunca.

Quizás estoy festejando que anoche tomamos la decisión de vender una empresa que es de mi familia desde 1963 a causa de que con la inseguridad jurídica que hay en este país no se puede trabajar.

Quizás los desempleados estén festejando que en promedio, tardan un año en obtener un nuevo empleo.

Quizás los ciudadanos estemos festejando que el gobierno exige mucho de la gente en términos de sacrificios personales, patriotismo y cobra sus impuestos, pero no presta ninguno de los servicios de defensa, seguridad, educación, salud, ciencia o justicia, que son la razón de su existencia.

Quizás estemos festejando que tenemos un ex-presidente con dudosos amigos implicados en el tráfico de armas a Ecuador y Croacia, y todavía nos esté dando lecciones de administración pública, mientras los jubilados que cobran, después de 40 años de aportes y trabajo, ciento cincuenta pesos por mes no pueden hablar.

Quizás estemos festejando que el ex-presidente Menem se construyó para sí una pista de aviación en Anillaco, su pueblo natal, con fondos no muy claros y que todavía no se haya hecho nada al respecto.

Quizás estemos festejando que los periodistas que publicaron esa nota fueron presionados e indirectamente censurados, haciéndoles perder su programa de televisión, y si no me creen, pregúntenle al periodista Marcelo Longobardi.

Quizás estemos festejando que el estado no paga ninguna de sus deudas al tiempo que la deuda del país crece y crece, y gran parte de lo que pagamos en impuestos debe destinarse a estos pagos.

Quizás estemos festejando los éxitos de los nuevos millonarios, hechos con nuestro dinero.

Quizás estemos festejando que el sillón de San Martín fue llevado de un museo a la casa de gobierno ayer, con toda pompa y circunstancia.

Quizás estemos festejando que nuestra justicia no ha podido resolver nada todavía sobre los atentados a la Embajada de Israel y a la AMIA, ocurridos en 1992 y 1994, respectivamente.

Quizás estemos festejando que hice averiguaciones en las embajadas de EE.UU, Canadá y Australia para poder estar en un lugar donde se festejen otras cosas.

Quizás estemos festejando que quienes emigran encuentran una vida mejor y festejan la llegada a Marte de una nave espacial, un Premio Nobel, o la nueva cura para alguna enfermedad.

Quizás estemos festejando que mis empleados van a convertirse en desempleados muy pronto, o la última iteración de cambios contractuales forzados por el propio gobierno y que nos han hecho llegar a esta determinación.

Quizás estemos festejando el hecho de que el gobierno, en los últimos cinco años, nos ha cambiado dichos contratos cada seis meses, o que el estándar de la salud en Argentina, mi mercado, ha decaído al punto en el que tenemos enfermedades antes desconocidas, como la tuberculosis, el hantavirus y el cólera.

Quizás esté festejando el hecho de que nunca más voy a invertir o dejar mis ahorros en la Argentina.

Quizás estemos festejando que nuestro medio ambiente está empeorando, que los glaciares se derriten en los Andes, que hay cada vez más ruido en las ciudades, que los bosques de miles de años se están incendiando y no ha con qué apagar el fuego.

Quizás estemos festejando que del medio ambiente es de lo que menos se habla, pues tenemos suficientes ocupaciones como para poder afirmar que preocuparnos es nuestro hobby, pues con ello empleamos todo nuestro tiempo libre.

Quizás estemos festejando que ya no podemos ver las estrellas en la noche cuando hace diez años sí podíamos.

O quizás estemos festejando que la Argentina, de seguir así, pronto se reunirá también con el General San Martín, el Doctor Favaloro y otros que no tuvieron lugar en la República Argentina por pensar y hacer algunas cosas de forma competente, y que más vale estar muerto que vivo, porque al menos así se acuerdan de uno.

No nos olvidemos de que San Martín murió en Francia, y no en la Argentina. Que poco después de hacer el trabajo sucio de pelear una guerra por su país por décadas tuvo que irse y jamás pudo volver, mientras que ahora atesoramos hasta su sillón.

No nos olvidemos de que otros que pelearon otras guerras, como la de las Malvinas, todavía esperan que aunque sea les digamos "gracias" de verdad después de que tuvieron que ver a sus camaradas volar en pedazos, así que si vamos a recordar guerras y héroes, agachemos la cabeza por un momento y reconozcamos que todo esto es un fracaso, una mentira en la que en el fondo no creemos, y que en vez de hacer un asueto tendríamos que trabajar el doble pues no estamos para festejar nada.

Y tampoco nos olvidemos que la opción de los profesionales, artistas, científicos, deportistas y creadores argentinos es irse a vivir a otro país, donde puedan estar, trabajar, envejecer y morir mejor, por lo que empecemos a pensar ahora, antes de que se vayan todos los que pueden pensar.

Tener fé es bueno; poder confiar es maravilloso, y eso se llama amor, y creo que muchos quisieran confiar en su gobierno, pero la realidad es que no se puede, porque el estado argentino se ha destacado históricamente por defraudar a los demás, por violar arbitrariamente sus compromisos, y por estar muy mal administrado.

Lo dicen propios y extraños de las más diversas extracciones, porque incluso las tasas de interés que se le aplican al estado argentino son una clara demostración de que en el mundo no hay nadie dispuesto a tenerle fé.

O para decirlo en buen criollo ¿Qué carajo creen que es "El riesgo Argentino"?

Si un gerente de una empresa mal administrada le dijera a los accionistas que "le tengan fé" frente a estadísticas y hechos contundentes como los que tenemos a la vista, no me cabe duda de que sería despedido.

Aquí nadie quiere despedir, ni hacer revoluciones, ni volver a los golpes de estado, así que el solo hecho de que continúen en sus puestos quienes gobiernan la nación es una suficiente demostración de fé, patriotismo y paciencia.

No pidan más, por lo menos hasta que nos muestren algún atisbo de resultados, alguna pizca de competencia, y un poco de pericia para lo que dicen que están haciendo.

Este es el año 2000, y la democracia ha sido restaurada en 1983, los políticos que manejan el estado tanto desde el oficialismo como desde la oposición han estado activos en su profesión todo este tiempo, y son quienes han tomado las medidas que nos han llevado hasta este punto.

Y no nos olvidemos que la Argentina existe desde 1816, y que los primeros colonos vinieron a estas tierras en el siglo XVI, asi que ya hubo tiempo para aprender.

Pronto se van a cumplir dieciocho años de promesas que en la práctica no han servido para nada. No son ocho meses de gobierno, son cerca de doscientos, pues el estado es el mismo, la casa de gobierno, el congreso y la corte suprema de justicia son los mismos; tenemos las mismas provincias y las mismas ciudades, los mismos partidos políticos, el mismo idioma y la misma gente.

No me parece decente que dadas estas condiciones, se nos pida tener fé o más paciencia. Al menos habría que callarse la boca; si es no por respeto a los vivos, aunque sea por respeto a los muertos a quienes decimos que queremos recordar.

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