P. Edronkin

Desarrollar la capacidad para pensar lógicamente.




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Para poder ejercer una función de liderazgo con efectividad, es necesario poder pensar lógicamente. Las funciones de liderazgo pueden resumirse a una simple secuencia de interpretación y resolución problemas, pero para poder hacer interpretaciones adecuadas y por consiguiente, desarrollar las mejores soluciones, es necesario saber pensar lógicamente.

En general, hasta los delitos bien ejecutados, como algunos robos a bancos, museos, etc. requieren de ingenio. Más aún si lo que intentamos es trabajar honesta pero efectivamente.

A diferencia de los subordinados, los líderes no pueden transferir los problemas que reciben a otros. Tampoco es correcto pensar que se está dando una solución cuando en realidad lo que se hace es pasar el problema para más adelante, o bien a otras esferas.

Por ejemplo, muchos gobiernos ineficientes, particularmente en América Latina, pretenden resolver sus problemas fiscales y financieros inventando medidas arbitrarias como impuestos especiales, quitas, moras en los pagos, etc.

Estas supuestas soluciones equivalen a desatender una infección y tomar un analgésico para no sentir los efectos. Mientras el analgésico actúa, no se sentirán molestias, pero cuando el efecto termine, dado el tiempo que se ha perdido, la infección será probablemente peor de lo que era inicialmente.

Para no caer en este círculo vicioso, que es tentador pues sus soluciones aparentes son relativamente fáciles de llevar a la práctica, hay que acostumbrarse a analizar verdaderamente las cosas.

Esto no es más que una variación del método científico, aplicándolo a la administración o gestión de una organización.

El método científico consiste básicamente en una serie de pasos bien definidos. En cada uno de ellos se realiza una actividad bien determinada, y para avanzar en el proceso, deben darse ciertas condiciones.

Básicamente, el proceso se inicia con el análisis del problema. Este debe tratar de definirse de la manera más exacta posible.

Luego, se establecen diversas vías preliminares de solución, y de ellas se seleccionan las más factibles.

Luego, se busca demostrar o comprobar que la situación elegida es viable, tras lo cual se analizan las implicancias potenciales de la situación que se generaría con dicha solución.

Por último, se lleva a la práctica el plan.

Todo acto administrativo o de liderazgo tiene sus consecuencias buenas o malas. La gestión de un líder ocurre dentro de un sistema, y no en un compartimiento sellado. En toda organización existe una sinergia que hace que cada vez que se intente influenciar a uno de los componentes de dicho sistema, otro sentirá las consecuencias. Y cuanto más tiempo perdure dicho sistema, mayor será su evolución y perfeccionamiento.

Si el sistema es malo, entonces los errores se convertirán en crónicos y se potenciarán; pero si el sistema es bueno, por evolución resultará cada vez mejor. Las dinastías, como ejemplo de perpetuación del liderazgo, reflejan justamente esta condición respecto del poder. En la historia observamos dinastías perversas que logran mantenerse por un tiempo, y lo mismos con dinastías virtuosas, que generalmente logran mantenerse por mucho más, dado que en ambos casos la cualidad común que se mantiene es el poder, pero resulta mucho más sencillo hacerlo cuando dicho poder existe para hacer el bien que cuando existe para hacer el mal.

La supervivencia de las dinastías de líderes depende entonces fundamentalmente de la habilidad para el mantenimiento del poder y del buen uso que se haga de él; así, hay dinastías de líderes políticos, religiosos y empresariales que han logrado mantenerse por muchos siglos. Pero es fundamental entender que para lograr esto se obre en función del bien y entendiendo las consecuencias de cada acto.

Del líder depende que estas consecuencias colaterales sean lo menos perjudiciales, o que por el contrario, sean positivas.

Por ejemplo, si para curar una jaqueca tomamos una aspirina, corremos el riesgo de desarrollar un dolor estomacal aún cuando ya nos pase la jaqueca. Sin embargo, las aspirinas también tienen ventajas colaterales, y puede resultar positivo tomarlas.

Un líder deberá ser capaz de sopesar y ponderar todos estos factores. No hay otra manera de hacerlo más que emplear métodos racionales de análisis.

Esto no quiere decir que los elementos subjetivos no deben ser tomados en cuenta. De hecho, deben ser considerados como factores de influencia en esta sinergia tanto como todos los demás.

Es la marca del líder ignorante no hacer un análisis lógico antes de tomar una decisión.


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