P. Edronkin

La falacia de la autoridad incuestionable




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'Subordinación y valor' son dos conceptos bastante escuchados entre los integrantes de las fuerzas armadas, de seguridad y policiales; similares principios también son comunes en ámbitos menos castrenses, como son las empresas, los organismos gubernamentales, y hasta los clubes.

La idea de manejar una organización sobre la base del acatamiento de una autoridad, el tradicionalismo puro y la disciplina es ciertamente mejor que la anarquía; sin embargo, es una forma que en primer lugar, dista mucho de ser la más eficiente, y seguidamente, porque no garantiza de ninguna manera que el criterio adoptado en cualquier toma de decisiones sea el correcto.

La gestión administrativa sobre la base de una disciplina impuesta en un sentido estrictamente vertical muestra poca sabiduría por parte de los líderes de la organización, un tejido social interno bastante primitivo y hasta atávico, y una gran carencia de conocimientos.

Es incorrecto creer que hay organizaciones como las militares en las cuales solamente puede funcionar la disciplina impuesta a rajatabla: las fuerzas armadas alemanas y su concepto de 'Innere Fuhrüng' o autodisciplina demuestran que tal apreciación es incorrecta.

El problema esencial de una situación en la que cualquier líder en la cadena de mando haga lo que se le ocurra - independientemente de los criterios que emplee en su toma de decisiones - simplemente porque puede, porque a esto se reduce la autoridad puramente verticalista, se basa en el concepto de imposición de la verdad por medio del poder puro, lo cual en lógica se conoce como falacia 'Ad Baculum'.

En otras palabras, la creencia en una subordinación incuestionable que no es más que la justificación de la tiranía bajo ciertas condiciones aún en las organizaciones militares, en las cabinas de las aeronaves, etc. es una mentira en un sentido lógico - y por lo tanto constituye un razonamiento inválido - y su inexactitud se comprueba gracias a la experiencia práctica, como en el caso de los trabajos sobre autodisciplina versus disciplina impuesta ya realizados desde hace muchas décadas y entre los cuales, el ejemplo de las fuerzas armadas alemanas constituye quizás uno de los mejores ejemplos del auténtico trabajo de equipo.

Los líderes verticalistas son casi siempre muy malos; de acuerdo a esta evidencia lógica sumada a otra que es empírica, vale decir que las organizaciones basadas en la disciplina impuesta no son las más eficientes, sino que dilapidan en gran medida sus recursos, ni las que poseen de su lado a la 'verdad' o a la 'justicia' en sus actos y por lo tanto sus jefes, por más que se trate de generales o almirantes, son peores que mediocres y sus decisiones generalmente incorrectas porque se basan más en la facilidad para hallar el chivo emisario propio de cada ocasión en la que confronten un problema, que para resolverlo.

En suma, son cultores de tirarle la culpa a los demás con tal de proteger su posición y avanzar hacia otras porque el sistema social en el que están inmersos lo estimula.

El resultado de tales creencias y las acciones coadyuvantes a las mismas será siempre que las organizaciones verticalistas estarán destinadas al fracaso, el cual podrá presentarse de dos maneras: la primera, con la caída y desaparición de la organización, en el caso que esta deba sustentarse a si misma - como ocurre con las empresas comerciales.

La segunda forma es la que corresponde a aquellas organizaciones que por contar con un sustento externo tienen en gran medida garantizada su subsistencia material - como en el caso de las fuerzas armadas, financiadas por los contribuyentes y amparadas por la ley del estado; estas no desaparecerán, sino que cada vez más se transformarán en entidades corruptas, desvencijadas e incapaces de responder de manera eficaz cuando tengan que hacerlo porque su estructura interna quedará tan dañada por la falta de verdadera convicción de sus miembros, que no será posible repararlas mientras no exista un cambio de cultura.

La solución a estos problemas no pasa por reemplazar a la plana mayor por otra que organizará un bonito desfile en un cuartel para celebrar el evento, sino en pasar de un modelo de disciplina basado en la imposición a otro fundamentado en la autodisciplina, porque cada vez más los hechos nos demuestran que la subordinación y el valor de por sí solos no sirven para nada, sino que al contrario, son ideas abusadas por quienes desean simplemente imponerse y hacer de las suyas.

Esta es una de las razones por las que las autocracias, tiranías y todo tipo de organizaciones en las que se glorifica la obediencia incuestionable tienden a ser corruptas.






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