P. Edronkin

El peligro de imitar a otros líderes




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El estilo propio del liderazgo latinoamericano ha sido una farsa desde el comienzo: hasta las ideas revolucionarias de más de un proceso independentista estaban cargados de imitación, e incluso los ejércitos revolucionarios del siglo XIX se construyeron sobre la base de la copia - en aquellos tiempos - de las tácticas y hasta los estilos de los uniformes provenientes de Europa. Más adelante cambiamos de Santo Patrono, y ahora imitamos a los norteamericanos sin cuestionarnos realmente si ello sirve o no.

La mejor prueba de que esto no sirve para nada la tenemos a la vista: Latinoamérica no acaba de salir del subdesarrollo, y es porque una mezcla de servilismo e ignorancia de sus clases dirigentes, que se suman a la ignorancia y el complejo de inferioridad de la población, hacen que esto suceda.

En definitiva, estamos siendo víctimas de un mal liderazgo engendrado por nosotros mismos.

Liderar significa siempre aportar algo nuevo; no es un auténtico líder quien no innova, quien no aporta algo que le destaque y le diferencie frente a otros factores de poder, líderes o personas.

Así como no se puede ser un auténtico académico sin investigación científica, no debería considerarse como líder a quien no aporta algo nuevo y distinto. No se es líder por obtener una oficina en un rincón del piso del edificio de la empresa, ni por viajar a Nueva York.

Si se hace esto, solamente se pasa a ser parte de un grupo de - en todo caso - privilegiados, pero eso no significa ingresar a las esferas propias del liderazgo.

Por otra parte, ningún avance o progreso será duradero dentro de una sociedad si no se arraiga profundamente en la cultura interna del grupo, y esto quiere decir que debe ser percibido como auténticamente propio por sus integrantes porque de otro modo cualquier aceptación se convertiría en un convencionalismo pasajero, que no es más que una simple moda, y las modas van y vienen.

Por consiguiente, cualquier pretendido avance, crecimiento o progreso que pretenda ser sustentable en el largo plazo debe ser asimilado como propio por la cultura interna de la organización (ver Long-Term Thinking).

Para que un nuevo valor cultural sea asimilado como propio, debe haber sido creado o adaptado por el líder de la organización, o bien por sus integrantes en general, pero nunca puede ser simplemente imitado porque carecería de posibilidades de sobrevivir en el largo plazo y aquellos que los tratasen de impulsar tarde o temprano serían vistos como frívolos, poco responsables y hasta como la punta de lanza de intereses ajenos a la organización que estarían tratando de modificar su cultura interna.

Nadie puede creer que constituye un líder verdadero si en su organización trata de imponer algo que busca imitar del exterior de la misma.

Esta es la razón por la que las ideologías impuestas desde afuera en el caso de los países, y las técnicas de gestión teóricas y tecnocráticas en el caso de las organizaciones en general suelen fallar con gravosas consecuencias.

En estos años es bastante común que en el caso de las organizaciones latinoamericanas se intente imitar a las estadounidenses; hasta les copiamos el lenguaje olvidando que el español de Cervantes es anterior al inglés de Hollywood.

Así es como dejamos de tener ´inversores´ y pasamos a tener ´inversionistas´, así es como tratamos de llegar al ´top´ y nos dedicamos al ´business´.

Pero aparte del complejo de inferioridad que esto sugiere, tal actitud nos presenta un problema: se trata de una imitación, y como tal está destinada a fracasar. De más está decir que resulta ridículo y hasta francamente estúpido copiar la manera de hablar de gente que habla mal nuestro idioma sencillamente porque no es el idioma nativo de ellos, y más patético resulta ver semejante deformación comunicacional y trastorno educativo viniendo de la mano de periodistas, locutores y otros que deberían conocer el lenguaje con el que parlotean, puesto que parece que han dejado de hablar.

Nuestros líderes, y particularmente los políticos, que intentan guiarse fielmente por las ideas que vienen del norte, más allá de si resultan atractivas y hasta aparentemente correctas se equivocan al creer que con ellas podrán resolver cualquier cosa porque de la imitación no puede salir nada más que una mala copia.

Cada vez que veo imitaciones baratas como las que se hacen en algunos palacios de gobierno latinoamericanos, donde los líderes políticos aparecen dando conferencias de prensa delante de telones azules con símbolos o inscripciones que recuerdan a los que los norteamericanos emplean en el Pentágono, la Casa Blanca, etc. Me acuerdo de que los caníbales de Nueva Guinea solían creer que al comerse a sus víctimas absorbían su inteligencia, fuerza, etc.

La resolución de problemas de verdad implica el uso de la inteligencia, y no de las habilidades de copiado, los atavismos y las modas. Si usted quiere ser un buen líder, no copie sino genere sus propias ideas.






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