Don Pablo Edronkin

Claves para la formación de una organización exitosa (II).




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Es bastante común que los clubes, asociaciones y hasta empresas comerciales se formen inicialmente con una gran dosis de entusiasmo. El número de integrantes suele crecer bastante en esos primeros estadios de vida, y la organización parece disfrutar de una especie de luna de miel, por un tiempo.

El entusiasmo de las personas tiende a decaer naturalmente a los seis meses desde la iniciación de las tareas, y por consiguiente, a partir del segundo semestre de vida, la organización empezará a enfrentar la realidad.

Para evitar esto, el líder de la organización debe poner énfasis en obtener al menos un lugarteniente confiable y competente, y entre ellos, deberán empezar a formar a los futuros administradores. La experiencia demuestra que más allá de las variantes que se pueda elegir, este es el único camino para formar una organización exitosa desde un punto de vista administrativo.

El núcleo de administradores y líderes es tan fundamental para la supervivencia de una organización que la historia nos muestra patentemente que existen organizaciones que han sobrevivido o han muerto solamente a causa de la calidad de sus líderes:

Tras la firma del Tratado de Versalles, las fuerzas armadas alemanas quedaron severamente limitadas en número. Los aliados consideraron que la limitación numérica militar era suficiente para evitar que Alemania volviera a representar una amenaza para ellos.

Los alemanes, conscientes de esa limitación, reestructuraron sus fuerzas armadas para contener únicamente personal limitado pro de gran calidad, y con la expresa misión de servir de base para ampliar rápidamente el número de efectivos en el momento en el que el tratado ya no se aplicara.

En 1935 Alemania denunció el Tratado de Versalles, y para 1939 iniciaron la segunda guerra mundial. Peleando durante seis años contra Inglaterra, Francia, EE.UU, la Unión Soviética, Canadá y otros países, y causando un daño inimaginable a Europa.

Cuestiones morales aparte, este ejemplo muestra claramente la verdadera importancia del número versus la calidad de la administración. En términos puramente militares, los Alemanes analizaron correctamente la situación y aprovecharon las debilidades del pensamiento estratégico, principalmente de los Ingleses y Franceses.

Mi abuelo combatió en el VIII Ejército Inglés en el norte de áfrica contra las fuerzas del Mariscal Rommel. Y siendo oficial, aprendió una gran cantidad de conceptos de sus enemigos. De hecho, como anécdota les cuento que las tropas británicas en África empleaban pistolas Ballester Molina, de procedencia Argentina, y como mi abuelo quedó muy conforme con su arma, empezó a pensar en emigrar a Sudamérica, y así lo hizo.

No hay que olvidar que al momento de derrotar a Francia en 1940, el ejército alemán era cuatro veces inferior numéricamente respecto de su homónimo francés.

Otra de las claves del éxito militar alemán, y de su capacidad para continuar combatiendo aún cuando se encontraban en desventaja, después de 1943, se basa en el concepto de autoridad que ellos empleaban. Este concepto se basa en la autodisciplina de cada individuo más que en las normas impuestas, y tiene un efecto muy importante a la hora de dar continuidad a cualquier esfuerzo.

En una organización tradicional, cuando el líder falta las decisiones tienden a no tomarse. Si el presidente del club no está, se espera a que aparezca para tomar tal o cual decisión. Si en una batalla el oficial no está disponible, los subordinados aguardan órdenes o a un reemplazo.

Muchas veces, el éxito o el fracaso dependen del tiempo y del aprovechamiento o desaprovechamiento de las oportunidades. A los soldados alemanes se les inculcaba la noción de que no debían esperar a la sustitución de sus líderes caídos o a que llegaran nuevas órdenes para pasar a la acción.

Se esperaba de ellos que hicieran algo y que quien siguiera en jerarquía al líder desaparecido asumiera inmediatamente la responsabilidad por continuar con el concepto de misión que tenía el jefe anterior.

De esta forma, grupos pequeños de soldados que en otros ejércitos hubieran quedado fuera de combate continuaban operando.

Este ejemplo histórico es muy ilustrativo acerca del poder de una organización adecuada. Si queremos formar organizaciones exitosas, debemos partir de la base de que los líderes de las mismas deben ser individuos excepcionales.

Un líder no puede ser simplemente una iteración nueva de un individuo promedio, debe poseer una perspectiva diferente a la de los demás, y no debe esperar ser tratado como otros. La sola existencia de responsabilidades que él o ella asume hacen que se forme una diferencia entre unos y otros.

Esa diferencia existe y lo importante es saber cómo manejarla para que no se convierta en arbitrariedad, pero eso ya es otro tema.




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