P. Edronkin

Problemas de convivencia en los grandes grupos de viaje y formas de evitarlos o resolverlos (II).




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En el Gea estamos acostumbrados a organizar expediciones que bien pueden superar el mes de duración. La mayor parte de las mismas son realizadas por personas acostumbradas a una determinada metodología para hacer las cosas, y por ende los problemas entre los integrantes del grupo son más bien raros.

En algunos casos, y principalmente en operaciones de rescate o expediciones científicas, tenemos que tratar con gente ajena al grupo, con quienes la convivencia podría tornarse en potencialmente más difícil.

Camino del pico del Cerro Bolsón
Integrantes del Gea camino de la cumbre 
del Cerro Bolsón, en 1995. De izquierda a
derecha: Emiliano Paredes, Alberto Prat
Pablo Edronkin. Foto: Gustavo Sakuda. Para 
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Consecuentemente, tratamos de poner en claro algunas cosas desde el principio y por cuestiones organizacionales, el Gea siempre retiene el control sobre la expedición.

Pero el hecho es que incluso en aquellos de nuestros viajes en los que participan más de siete personas, la convivencia y el rendimiento del grupo son en general menores a los observables en otros casos.

Un grupo de muchas personas presenta una velocidad de marcha que es aproximadamente un 20% inferior a la que desarrolla un grupo menor, y además las tensiones que pueden aparecer entre los integrantes del mismo son más frecuentes.

El solo hecho de no poder prestar tanta atención a los integrantes más inexpertos hace que aparezcan más frecuentemente problemas de todo tipo, como mochilas mal armadas que se transforman en imposibles de cargar tras un par de horas de marcha, roturas en el equipo, calzado mal seleccionado, etc.

Además, eventos tales como querer quitarse o ponerse abrigo, beber agua, sacar fotografías, etc. también pueden aminorar la velocidad de marcha de forma significativa, pese a las observaciones del Guía o de los integrantes del grupo que cuenten con mayor experiencia.

Como el calzado no molestará a todos exactamente en el mismo momento, como no todos tendrán calor o frío por igual y a la misma hora, y por otras cosas semejantes, el Guía recibirá un diluvio de pedidos para detener la marcha "por un minuto" hasta que cada persona incómoda, cansada o simplemente quejosa pueda hacer los cambios que le vengan en gana.

Sin embargo, como a medida que aumenta el cansancio también aumentan estos problemas, entonces llegará un momento en que las pausas serán tanto o más frecuentes que el tiempo de marcha.

Con un grupo experimentado o más pequeño, el cansancio será menor y la preparación previa, mayor, por lo que el umbral de tiempo hasta que esta especie de reacción en cadena ocurra, será bastante mayor, y si bien es teóricamente posible que incluso un grupo pequeño empiece a reaccionar de esta forma, normalmente ello no ocurre hasta después de unas doce horas de actividad.

Como tantas horas de marcha no son algo habitual, en la gran mayoría de los casos, no se producirá este fenómeno en el caso de los grupos pequeños.

En los grupos grandes, la cantidad de bisoños determinará cuando empezarán estos problemas, pero debe contarse con que empezarán a verse desde los 60 minutos de caminata.

Es más, nosotros damos por seguro que los novatos estarán como peces fuera del agua después de su primera hora de ascenso a las montañas, por lo que programamos la primera parad para hacer reparaciones, cambios de ropa, etc.

En suma, los grupos grandes son problemáticos de cualquier forma. Por ello, cuando realizamos expediciones de tal naturaleza siempre tratamos de dividir las actividades y asignar grupos menores a tareas diversas, a fin de minimizar la posibilidad de enfrentar tales situaciones.

Es obvio que en algunos casos ello resulta difícil o imposible, como cuando debemos transportar materiales de construcción, instrumental pesado o realizar alguna obra como los refugios que desde hace años construimos en la región de la Comarca Andina del Paralelo 42. En estos casos, tratamos de limitar tales actividades a lo indispensable.




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